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jueves, 29 de diciembre de 2011

Los reinos peninsulares en la Edad Media (II).

SIGLOS XI - MITAD DEL SIGLO XII.


  EL PROTAGONISMO DE NAVARRA.
A principios del siglo XI, el monarca navarro Sancho III obtuvo una importancia capital para entender por un lado, la culminación del desarrollo de los diferentes reinos cristianos hasta entonces, y por otro, explicar el origen de la deriva de los reinos de Castilla y Aragón, ejes fundamentales de la Reconquista. Durante su reinado, comprendido entre 1005 d.C y 1035 d.C, el soberano navarro logró anexionarse Castilla y ocupar la cidad de León, llevando la influencia de Navarra incluso hasta Ribagorza. Esa tarea de organización de sus diferentes posesiones a través de vínculos vasalláticos consumió prácticamente el reinado de Sancho III, quien se desentendió en cierta medida de la política exterior con Al-Andalus. Además, la introducción del rito cluniacense diferente al ritual litúrgico hispano tradicional le consagró como el primer rey europeo que adoptó dicho rito. La labor de Sancho III fue vital para la consolidación del Camino de Santiago como vía de peregrinación que vertebró la Europa medieval que hoy conocemos. A su muerte, Castilla quedó como reino independiente bajo el mandato de Fernando I, mientras que Aragón estuvo bajo el mandato de Ramiro I.

LOS REINOS INDEPENDIENTES: CASTILLA Y LEÓN.
Llegamos así a la existencia de los dos motores principales de la Reconquista peninsular. Navarra, por su enclave geográfico, vería su papel reconquistador reducido drásticamente hasta desaparecer, pues el avance y el ensanche de las fronteras de Castilla y Aragón cerraron su posible avance hacia el sur por el valle del Ebro. Esto obligó a Navarra a concentrarse en asuntos ultrapirenaicos, siendo habitual en las disputas territoriales entre Francia e Inglaterra mucho más adelante.
En el caso de Castilla, Fernando I impulsó la conquista de las tierras de la Extremadura. Os aclaro que cuando hablamos de Extremadura, no es de la comunidad autónoma actual o de sus límites. Extremadura procede del latín Extrema Durii, es decir, "tierras más allá del Duero". Como solía ser habitual en la Reconquista, los avances cristianos dependían de la coyuntura política de Al-Andalus. Superada la fase virulenta que había significado Almanzor y sus razzias de castigo sobre Santiago de Compostela o Barcelona, los reinos cristianos aprovecharon el momento vacilante de Córdoba tras el dictador. A la muerte de Fernando I la unidad de Castilla quedó en entredicho. Como solía ser habitual en los monarcas de tiempos atrás, el reino se concebía como parte del patrimonio del propio rey, y eso se traducía en repartos territoriales del reino entre sus descendientes. Exactamente, eso ocurrió con Sancho, Alfonso y Urraca, descendientes de Fernando I, quienes obtuvieron Castilla, León y la ciudad de Zamora respectivamente. La guerra civil se desató cuando Sancho pretendió la corona de León asediando la ciudad de Zamora, muriendo allí a traición. Esto precipitaría el acceso al poder de Alfonso, su hermano, quien aglutinó el reino en sus manos siendo rey de Castilla y León (y aquí podríamos citar la leyenda de El Cid y la jura de Santa Gadea de Burgos en la que renegó de servir a Alfonso VI). Una vez en el trono, Alfonso VI ejercería una labor impresionante en la Reconquista, avanzando la reconquista por el valle del Tajo y logrando la resonante toma de Toledo en 1085. Esto fue todo un hito para las armas cristianas. Se recuperaba la sede primada del arzobispado de Toledo y la antigua capital del reino visigodo. A pesar de la furibunda reacción de los almorávides, que se habían alzado con el poder de los reinos de taifas andalusíes, Alfonso VI conservó la posición toledana y eso fue fundamental para el posterior avance de la línea de frontera hacia el sur en el siglo XII.
Mientras tanto, en el caso de Aragón, Ramiro I retomó las campañas militares encaminadas a la Reconquista del Valle del Ebro, mientras que en los condados catalanes Borrell II tiempo atrás había conseguido la ruptura de los catalanes con los francos. Sin embargo, durante el siglo XI, los avances por el Ebro no obtuvieron grandes resultados. No sería hasta el siglo XII cuando Alfonso I El Batallador tomase la ciudad de Zaragoza en el año 1118 y ocupase Tudela y Tarazona.

Sello de Alfonso III de Portugal. Se puede
leer "Alfonso Hijo del Rey de Portugal
conde de Bolonia".
UN NUEVO REINO: PORTUGAL.
Alfonso VI, entre sus títulos, ostentaba ser rey de Galicia. Conforme la reconquista progresaba hacia el sur, cedió el condado de Portugal a su hija Teresa casada con Enrique de Borgoña. El hijo de esta unión, Alfonso Henrríquez, alcanzaría el trono y conseguiría la victoria frente a los almorávides en la batalla de Ourique en 1139 d.C. Con la puesta del trono portugués bajo el auspicio pontificio, el condado portugués se convertiría en el reino de Portugal con Alfonso Henrríquez como primer monarca portugués.
CASTILLA.


martes, 27 de diciembre de 2011

Los Reinos Peninsulares en la Edad Media (I)


El Beato de Liébana.
 Podría decirse que el temario de oposiciones de Geografía e Historia tiene varios temas estrella en cuanto a su dureza y los numerosos problemas que presentan al aspirante. No obstante, el tema referido a los Reinos Cristianos peninsulares puede ser el tema más árido para todos aquellos que estudien Historia (ya sea a nivel de oposiciones o de temario para algunas carreras colaterales como Filología Hispánica), ya que los numerosos nombres, cambios, fechas, años, períodos y sucesos que tienen lugar en la Edad Media española son similares al tallo de una bella rosa plagado de espinas.

Me llegaron varias peticiones vía email para escribir sobre los Reinos medievales peninsulares, y ciertamente, creo que no hay tema mejor para el frío invierno que estamos teniendo estos días. Así que preparaos.

DOS CONCEPTOS PREVIOS: RECONQUISTA Y REPOBLACIÓN.

La Reconquista es un término vilipendiado por gran parte de la historiografía políticamente correcta. Sin embargo, como ya sabréis, ese tipo de convenciones de unos autodenominados próceres apesebrados no van conmigo. La Reconquista es un concepto, un proyecto vital, que marcará la política de los reinos peninsulares desde muy tempranos tiempos tras la derrota ante los musulmanes invasores en el año 711 d.C. El ideal de restauración neogótico podemos encontrarlo plasmado en numerosas obras de los siglos VIII y IX d.C en la zona norte de España, especialmente en Asturias y Cantabria, en los manuscritos producidos por los monasterios que percibían la derrota frente al Islam como un castigo divino por la desidia de los visigodos y su pérdida de vigor. Esa pérdida del reino visigodo, más allá de mitologías y misticismos, es un motor del poder de los monarcas medievales para iniciar un lento proceso de Reconquista que llevará más de mil años, con constantes avances y retrocesos, idas y venidas, victorias y derrotas que culminarán en el año 1492 d.C con la conquista de Granada.

En base a la Reconquista y a su avance, la Repoblación sería un fenómeno consecuente e inmediatamente posterior que tenía lugar en las tierras recién conquistadas. El peso demográfico de las repoblaciones cristianas en las tierras arrebatadas al dominio musulmán era en cierta forma proporcional en los primeros compases de la Reconquista, pues eran vastas extensiones de tierras inhabitadas prácticamente y por tanto, eso hacía que fuera menos necesario un esfuerzo de trasvase de población desde los núcleos cristianos (Burgos, León, Oviedo...) a las nuevas tierras. Sin embargo, conforme la Reconquista alcanza Toledo y se introduce más allá de la submeseta sur, el proceso se hará algo más laborioso por la necesidad de consolidar firmemente el control de las nuevas tierras sobre la población musulmana que permanece en ellas a pesar del cambio de poder.

Sobre estas dos premisas básicas, podemos comenzar el estudio del devenir histórico de los reinos peninsulares. Vaya por delante que podéis encontrar materiales didácticos míos en el buscador de este blog o en www.docentedehistoriarecursos.blogspot.com que os pueden orientar según os desarrollo el artículo.




A) EL NÚCLEO ASTUR - LEONÉS.
EL REINO ASTUR.
La iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo
fue construida en el año 842 d.C cerca
de Oviedo.
Por contra de lo que se pudiera pensar, el fundador del reino astur no es don Pelayo (Pelagius, caudillo de origen hispanorromano que resistió a los islámicos en la batalla de Covadonga en el año 722 d.C), sino Alfonso I (739-757 d.C). Este monarca fue el responsable de reducir la presión musulmana sobre el norte al desplegar un conjunto de razzias o incursiones militares rápidas que permitieron arrasar las escasas poblaciones musulmanas que encontró a su paso y así establecer una tierra de nadie que a la par hizo funciones de cinturón de seguridad frente al Islam. De esa manera, se procedió al poblamiento de los valles cantábricos y a ampliar el reino astur hacia el este. Alfonso II (791-842 d.C) tuvo que reorganizar el reino, extendiéndolo hacia Galicia. Allí, el descubrimiento de los restos del apóstol Santiago permitió desarrollar un motor económico mediante la articulación de peregrinaciones religiosas que se mostraría con el paso del tiempo como algo fundamental en la historia medieval española: el Camino de Santiago.  Sin embargo, Alfonso III (866-911 d.C) sería el monarca que finalmente fijaría las fronteras del reino astur mediante la definición clara de la frontera del río Duero, que permitió aliviar las poblaciones en las montañas cantábricas trasladándolas a nuevas tierras de cultivo situadas más hacia el sur. Así, el reino astur consiguió sobrevivir convertido en el Reino Asturleonés o Reino de León, como prefiráis, como consecuencia de fijar la nueva capital en la antigua Legio o actual León. En dos siglos casi, los cristianos habían logrado establecer un reino de unos 70000 km2 arrebatado directamente de las manos del Islam.
CASTILLA.
El avance del reino astur y la existencia misma del reino de León tenía un punto débil muy claro. Situado al este, en el curso alto del Ebro, existía una ruta natural siguiendo el curso del río, que permitía a las tropas musulmanas realizar incursiones justamente por el flanco de las posiciones cristianas. Esto preocupaba enormemente a los monarcas leoneses, que procedieron a plantar toda una red de fortificaciones, castillos y torres en la zona comprendida entre Burgos, Logroño, Osma, Castrojeriz, San Millán de la Cogolla... para evitar sorpresas desagradables. Al mando de aquella zona fronteriza quedaba un Conde (el primero llamado don Rodrigo) que sometido a la voluntad de León, tenía como obligación coordinar la defensa y el poblamiento de una zona tan peligrosa como aquella, sujeta a continuas razzias enemigas. En ese territorio se gestó el reino más importante de la historia medieval española: Castilla.
La población de Castilla era especial. De origen montañés, el poblamiento era libre y con muchas ventajas políticas, sociales y económicas para que se estimulase el desarrollo de núcleos de población en una zona tan conflictiva. Era habitual alternar tiempos de guerra con otros de paz en aquella Castilla primitiva, y al no existir un grupo social de caballeros al uso, el desarrollo de la caballería de origen villano (es decir, integrada por pobladores del pueblo llano) creó un grupo social influyente en aquella especial sociedad. Era algo previsible que con el tiempo una franja tan vasta de territorio como era el condado de Castilla, alejada de León y con una organización política y social diferente de la de la capital, tuviese intereses en la independencia. Esto ocurrió finalmente durante el reinado de Ramiro II con el conde Fernán González, que tomó el poder de diversos condados (Burgos, Lantarón, Lara, Álava...) con el apoyo de la caballería villana. Esta independencia duraría hasta que en 1029 d.C, la línea sucesoria castellana masculina se agotara y pasase Castilla al control de Navarra.

B) LA ZONA PIRENAICA.
Esta franja de territorio geográficamente coincidía con la línea de los Pirineos. Establecidos al pie de las montañas, los núcleos de población de las actuales Navarra, Aragón y Cataluña se encontraban bajo la influencia del poder franco al norte y la presencia musulmana, especialmente, en el curso medio y bajo del Ebro. Esto marcó claramente las relaciones de poder existentes en base a grupos familiares que tenían el control de las exiguas sociedades que vivían bajo sus designios. Así, grupos como los Arista o Galíndez tendrán una importancia radical en estos primitivos núcleos. Además, los Banu Qasi, presentes en Tudela, encarnaron el papel de los renegados o muladíes que se convirtieron al Islam para conservar un gran poder, que en la zona de la que hablamos, era rival de los intereses de la mismísima Córdoba, capital de Al-Andalus.
EL NÚCLEO DE PAMPLONA.
La familia Arista lideraba las poblaciones vasconas situadas en el alto Ebro y en Roncesvalles, siendo siempre un peligro para los intereses de los francos carolingios (como ocurrió en el paso de Roncesvalles reflejado en la Chanson de Roland) o para los musulmanes. Con el apoyo de los Banu Qasi, conquistó Pamplona expulsando a la guarnición franca, pero poco tiempo después, aquella alianza precaria se quebraría. Los Arista buscarían el apoyo del reino Asturleonés. Alfonso III de León colaboraría para que Sancho García fuera el nuevo rey de Pamplona y a su vez, le ayudase en frenar los ataques musulmanes por el Alto Ebro hacia Castilla. De esta forma, desde Pamplona se dirigió la repoblación de territorios como Nájera o Arnedo, próximos a tierras castellanas, lo que trajo algunos problemas territoriales con los condes castellanos.
EL NÚCLEO DE ARAGÓN.
El papel de lo que sería Aragón con el tiempo era complicado. El reino de Pamplona cobraba cada vez más dinamismo frente a las influencias francas al norte de los Pirineos. La familia Galindo, al frente de la cual estaba el conde Aznar Galíndez, no conseguiría evitar que Aragón cayera bajo el influjo de Navarra. Sin embargo,esto no quiere decir que previamente a su anexión en el siglo IX d.C, Aragón no alcanzase episodios importantes, como la independencia religiosa de la sede primada de Toledo, lo que le permitió un estamento religioso libre de la tradición toledana como se puede ver en el monasterio de San Juan de la Peña y su congregación mozárabe. Finalmente, la línea aragonesa se cruzará con la navarra cuando Galindo II se case con la descendiente de García Sánchez de Navarra y así se incorporará al reino de Pamplona hasta 1035 d.C
Monasterio de Sant Pere de Galligants
en Girona.
EL NÚCLEO DE LA MARCA HISPÁNICA.
Como solía ser característico del modelo territorial desarrollado por Carlomagno, la Marca territorial tenía como función principal defender el núcleo franco original frente a posibles invasiones de pueblos extranjeros. Por ejemplo, existían marcas ideadas para defender el reino de Carlomagno frente a sajones, magiares, vikingos... y eso también incluía a musulmanes. Por eso, al sur de los Pirineos y enclavado en el amplio conjunto de la Septimania, la Marca Hispánica defendía la zona meridional del reino. La Marca Hispánica se organizaba en base a condados independientes (Barcelona, Gerona, Ampurias, Rosellón...) al mando de condes designados desde el trono carolingio.
Cuando el modelo carolingio se agotó, por la desidia de los descendientes de Carlomagno, tras los tratados de Verdún (843 d.C) y las posteriores capitulaciones (como la de Quierzy en 877 d.C), los condes de la Marca Hispánica obtuvieron vía libre para sus intereses políticos. Así, Vifredo el Velloso (o Vifred Il Pilós), señor de Barcelona, Besalú y Girona procedió a ocupar la plana de Vic repoblándola con el apoyo de la Iglesia, asentando así una línea fronteriza con Al-Andalus que permanecería sin apenas alteraciones durante dos siglos.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

El Islam (I): Introducción.


Actualmente, el Islam es la religión monoteísta a nivel mundial con una mayor número de fieles y con mayores expectativas de crecimiento y expansión en el futuro (poco más de mil millones de personas). Su influencia es clara en la zona de Oriente Próximo y Medio, aparte de la mayor parte del continente africano, mientras comparte la hegemonía en Asia junto a las religiones tradicionales de allí. En el caso de Europa y Estados Unidos, el peso de la comunidad islámica es creciente, sobre todo en el caso europeo. Países como Francia o Inglaterra son una muestra de naciones dentro de las cuales la población musulmana dispone de un alto porcentaje de influencia dentro de las minorías religiosas del lugar. Sólo América del Sur parece ser aún un baluarte mayoritariamente cristiano en el cual el Islam no ha penetrado aún.

Sin embargo, el origen del Islam no coincide con la exuberancia actual. Hace más de mil cuatro cientos años, la Península Arábiga era un inmenso desierto en el que la vida humana era prácticamente imposible, si exceptuamos las caravanas de beduinos que la atravesaban transportando mercancías de un rincón a otro de Arabia. Al sur, en la actual Yemen, se encontraba una franja exigua de territorio cuyas condiciones climáticas y geográficas más benignas habían permitido un desarrollo urbano que para nada era compartido en otras regiones, como el oeste, donde sólo ciudades de paso como La Meca o Yatrib destacaban.

En el caso del Islam, encontramos más allá de cualquier consideración histórica que queramos hacer, un ejemplo muy rico en cuanto a las relaciones entre el ser humano y el medio físico en el que se desarrolla su actividad. En el Sur, el nivel de vida mayor respecto a la realidad general imperante en Arabia se debía a la participación del comercio marítimo en el Índico y el aprovechamiento de las costas yemeníes mediante la creación de puertos de escala desde África hacia Asia y viceversa. Todo ello trajo consigo el desarrollo social, económico y cultural conocido en el sur de la península Arábiga. Mientras, en el caso del desierto interior, solamente las estribaciones del Oeste permitían la creación de ciertos nodos de comunicaciones como La Meca o Medina, que en realidad, podríamos considerar como algo precarias, ya que los beduinos de costumbres nómadas se mezclaban con la población sedentaria allí presente. Los beduinos procedían del desierto y se organizaban en tribus compuestas aproximadamente por tres mil individuos relacionados por clientelismo (mawla) y aglutinados por vínculos de solidaridad familiar que garantizaban la cohesión de la tribu. Daos cuenta de que el mundo del desierto era y es hoy día hostil y muy duro. Las batallas entre tribus, la dureza de los enfrentamientos, la exaltación de los guerreros en la sociedad y el rigor de las leyes de aquellos nómadas del desierto procedían de las dificultades que semejante hábitat, escaso en recursos, entrañaba para sus pobladores. Por tanto, haceros a la idea de que en la península Arábiga alrededor del siglo VII d.C, había un fuerte contraste entre poblaciones según la región  que habitasen y sus recursos.

Es por tanto, que el Islam, como religión, en su base doctrinaria, presenta rasgos de rigor, austeridad y solidaridad de la comunidad como consecuencia de aquellos tiempos. Os pondré ejemplos.

-Rigor: es conocido por todos el hecho de la dureza de las leyes islámicas hoy día. Sus raíces, tamizadas por las enseñanzas del Profeta, las encontramos en la legislación consuetudinaria (costumbres) de los beduinos, en la que "el ojo por ojo" destacaba con claridad.
-Austeridad: la austeridad en la misma presentación del Libro Sagrado (Corán), las recomendaciones sobre la suntuosidad y el lujo, la renuncia a los bienes materiales en pos de la eternidad en el Paraíso... perseguían un principio sociológico con precedentes ya en otras sociedades históricas. En grupos sociales reducidos y con recursos escasos a su disposición, las tensiones sociales son habituales y se acrecientan con demostraciones de riqueza y lujo por parte de unos pocos que contrastan con la de una mayoría empobrecida. Mahoma, conocedor de ello (era beduino), gestionó la palabra de Dios precisamente para llevar paz social a la Arabia de su tiempo. Y esto, a la postre, sería la base para la cohesión que daría como fruto la rápida expansión de sus enseñanzas por el orbe.
-Solidaridad: el sentimiento de pertenecer a la Comunidad Islámica (UMMA) entronca con la escasez de recursos y la necesidad de auxilio de unos miembros a otros para sobrevivir en la dura Arabia del siglo VII d.C. No pertenecer a una familia no era algo normal ni lógico, y era considerado una desgracia, pues sin familia, un individuo era imposible que lograse sobrevivir por sí solo en un ambiente tan contrario a la vida como el desierto. Estos vínculos de ayuda y auxilio fueron decisivos para la unidad del Islam en sus primeros tiempos, aunque con el pasar de los siglos, se viera alterada por las intrigas palaciegas de las grandes familias.





lunes, 16 de mayo de 2011

Dios y luz en el Medievo y nuestra actualidad.

Es curiosa la vida. Seguro que ha habido ocasiones en las que diversas ideas, que en principio, nada tienen que ver y que discurren por sendas variadas, confluyen en una misma vía que te revela una de esas extrañas conexiones que a modo de red neuronal, recorren los destinos de los seres humanos. Estas conjunciones te inducen a reflexionar, recapacitar, ajustar los enfoques de los prismas de tu mente y al fin, percatarte de que nuevamente, has aprendido algo que además puedes compartir con los demás, enriqueciéndolos al mismo tiempo que tú.

En mi caso, he estado las últimas dos semanas ayudando y organizando junto a mis compañeros el stand de nuestro Instituto en la IX Feria de la Ciencia de Sevilla, que tuvo su colofón el sábado pasado. La temática elegida fue la referente a la luz y cómo los seres humanos, a lo largo de la Historia, nos hemos sorprendido, jugado después y finalmente, manipulado ese fenómeno físico que alumbra el mundo que conocemos y percibimos como tal. Varios proyectos fueron presentados, como la Cámara Clara (que fue empleada por botánicos y artistas para representar la realidad mediante un calcado de las líneas del objeto en cuestión), el espectroscopio (que fragmenta la luz en su espectro visible), las cianotipias (precedente decimonónico de la fotografía moderna)y la Cámara Oscura, que fue la estrella indiscutible.

Asistí un par de veces a cómo mis alumnos presentaban la Cámara Oscura a los asistentes y curiosos. Mientras les escuchaba comentar el proyecto, no podía dejar de maravillarme de aquel fenómeno natural casi milagroso. La luz entraba por un agujero practicado en la pared y se proyectaba sobre la pared opuesta. Al poco tiempo, cuando los ojos se hacían a la oscuridad imperante, se podía contemplar como por arte de magia, la escena de lo que ocurría fuera de la cámara oscura, de manera invertida. Y entonces, comprendí por qué los antiguos, aquellos que ya no están, ya desde la Grecia Antigua, se maravillaban de la luz y la asociaban con los aspectos positivos de la naturaleza humana como contraposición a la oscuridad.

Esta mañana, leí en la prensa, que un afamado y prestigioso científico, ha desechado por completo la idea de que exista un paraíso, como " un cuento de hadas". Y la tristeza se ha hecho presa de mi. Ciertamente, nuestro mundo tecnológico y científico se ha impuesto y gradualmente, queda menos espacio para creencias. Cada cierto tiempo, uno va recibiendo, uno tras otro, impactos que te indican que no se es más que una forma de vida en un estado superior químico que está por casualidad en el Universo, y que nada, de lo que uno es, cree, piensa o considera, es más que la suma de dichos componentes. Sólo energía y materia, no hay nada más. Yo, como historiador, he renegado siempre de las teorías marxistas materialistas, pero me voy sintiendo vencido ante esa evidencia.

Pero ahora, pienso en el milagro de la luz y en Aristóteles. Y esa conjunción es la que me indica que debía escribir sobre qué representaba la luz en el mundo de las catedrales góticas. La importancia suprema de ese fenómeno que subyugó a los maestros constructores de aquella época llevándolos a jugar y conducir la luz a través de los vidrios, arcos apuntados y polilobulados, pilares cruciformes y bóvedas nervadas. Sólo con la idea en mente de la asociación de todo ello a la idea de Dios, de un ente superior, de un primer motor que justificaría la existencia de todo lo material, ajeno a dicha materialidad, pero dotando a la potencialidad de su acto de un sentido y dirección.


A partir del siglo XII, la situación en Europa cambió de manera paulatina. Los duros siglos precedentes, protagonizados por hambres, guerras, epidemias, pestes y profecías del Apocalipsis, habían dado paso a un período nuevo en el que el ser humano, enfrentado a una Naturaleza feroz e implacable que le acosaba, comenzaba a percibir en ésta un cambio hacia una mayor benignidad. El clima cambió y se hizo más provechoso para los cultivos, y eso condujo a un aumento de la producción que permitió un cierto ascenso demográfico que a la postre, permitiría que los siglos plenomedievales, dentro de la indudable dureza del Medioevo, fuera algo más llevadero. El desarrollo de las grandes urbes medievales y la reactivación del comercio habían supuesto un ir y venir de gentes que conforme traían consigo su cultura, traían informaciones y conocimientos nuevos que dejaban entrever un mundo abierto a la exploración y a su estudio. Al amparo de esta realidad, se fundaron nuevas Universidades que hoy día siguen existiendo (La Sorbona en Francia, Bolonia...) y en el caso de Castilla, el primer Studium Generale se fundó en la ciudad de Palencia bajo el reinado de Alfonso VIII.

Con los nuevos estudios, el aristotelismo fue recuperado gradualmente en las cátedras universitarias, y ciertamente, de algún modo, trascendió hacia la esfera de la cultura social y la sociedad de la época, aplicándola a los criterios espirituales de la época. El platonismo y su mito de la caverna de Platón señalaban que lo percibido era solamente la sombra de la luz de las ideas puras a las que se llegaba mediante el intelecto. Ahora el protagonismo creciente del sensualismo aristotélico y su materialismo será retomado desde una óptica diferente. El principio aristotélico del primer motor que permanece y da sentido al resto del Universo se adhiere al principio innegable de la existencia de Dios. Y en este caso, el Dios representado en los tímpanos góticos no será un dios pantócrator severo, sino el "Beau Dieu" que decían los franceses, el Buen Dios, atentos y amable, cuidadoso de su rebaño mientras entraba éste en el interior de las catedrales. Era lógico por tanto pensar que los tiempos oscuros precedentes se habían visto interrumpidos por la luz.



¿Pero qué era la luz para los maestros constructores de los siglos XII o XIII? La Luz era Dios. Una representación de lo inmaterial, que sin embargo, llegaba a todos los rincones y creaba el mundo ante los ojos del creyente. Esa luz que se filtraba a través de las innumerables vidrieras que decoraban los plomos que se entrelazaban en los ventanales de los muros góticos, era la idea de un ente superior perfecto que bañaba a los creyentes y les hacía saber que estaba allí. La luz no existía, no se podía tocar, pero permanecía allí... ¿y no es esto una demostración más de la fe, para ellos? La Fe consistía en creer sin ver, como Pedro cuando tuvo que coger de la boca del pez la moneda de oro para que Jesús y sus discípulos pudiesen pagar el tributo para entrar en la ciudad. No se conocía qué era la luz, ni qué la producía, pero en aquellos tiempos, se asociaba con la bondad de un Dios que hoy ya no existe.


Un consuelo para quienes, sufriendo una vida llena de penurias con ocasionales alegrías, les prometía la existencia de otra oportunidad más allá. Quizás personas más humanas de lo que somos hoy día, más humildes y conscientes de nuestra fragilidad y temporalidad, que buscaban un sentido a su existencia. Quizás más felices en su ignorancia, que nosotros, que cuanto más avanza la ciencia, más nos demuestra claramente que somos sólo un producto del azar.

Sin embargo, uno se resiste a la idea, y piensa en las ideas aristotélicas cuando escucha y lee afirmar que el cosmos nace de la nada. Porque entonces, uno se da cuenta, de que nada de lo que hemos hecho los seres humanos, escapa a reacciones químicas. Que el arte, la cultura, conceptos como la justicia, la bondad o la verdad, sólo son ideas vanas, productos temporales de dichas reacciones. Que nada de lo hecho por nosotros, como raza, justifica más allá de las piedras y el suelo que pisamos. Que las Humanidades no tienen razón de ser.

Polvo somos.

lunes, 28 de febrero de 2011

La repoblación en Andalucía (I).

El principal instrumento que configuró Andalucía tal y como la conocemos, no podemos encontrarlo en tiempos islámicos, por la sencilla razón de que cuando nos referimos a Al-Andalus, no hablamos de Andalucía, sino de un entramado institucional administrativo que coordinaba la política de variadas regiones peninsulares dominadas por la media luna. Lo encontramos, precisamente, en la construcción de Andalucía como entidad a partir de la Reconquista, y su posterior Repoblación. Esto destierra los ideales simpatizantes con el Islam propios del andalucismo histórico, que no son más que una construcción idílica de Blas Infante propia de los pensamientos nacionalistas de principios del siglo XX.

No rehuyo el término Reconquista. Es más, lo apoyo de manera clara, por si queréis saberlo. Desde hace años, ha habido una corrección política (una más) en el ámbito de la Historia, que se refiere a la reconquista de ciudades andaluzas como "tomas", lo que para mi juicio es un eufemismo. Y para defender mi razonamiento, os expongo dos motivos. El primero, es básico, y como no soy amigo de frases complicadas, que a la postre, sólo encierran ideas sencillas, quiero haceros pensar en algo que consigáis después de haberlo perdido a manos de alguien: lo habréis retomado, lo que en un contexto de guerra como el de aquellos tiempos, sería una reconquista. Ligado a lo anterior, cuando se produjo la invasión islámica hace 1300 años, al poco tiempo, se gestó en las crónicas astures el concepto de restauración neogótica, esto es, volver a recuperar el reino visigótico con sede en Toledo, a lo que se le denominó como Reconquista.Así que no hablo de un término anacrónico o de un proyectismo contemporáneo, sino de un concepto de la misma época.

Paralelo a la Reconquista, se produjo la Repoblación. La repoblación en el caso de Andalucía permitió el asentamiento de población procedente de todos los rincones de los reinos peninsulares cristianos, en tierras de las que las gentes musulmanas fueron abandonando gradualmente hacia el Reino de Granada, conforme fue pasando el tiempo. La Repoblación generará, determinará y fijará la articulación del territorio agrario circundante y permitirá la creación de una estructural social y económica que permanecerá de manera ininterrumpida en Andalucía hasta el siglo XX.

Cuando hablamos de la Repoblación en Andalucía, es necesario tener en cuenta que el proceso repoblatorio consistía especialmente en la implantación de reglamentaciones jurídicas o fueros de ciudades reconquistadas tiempo atrás en las nuevas urbes arrebatadas a Al-Andalus. Por ello, el fuero de Toledo fue el que mayor aplicación tuvo en tierras andaluzas, aunque claro está, con numerosas alteraciones en función de las peculiaridades propias de frontera. Conforme esto ocurría, el poder del rey iba en aumento sobre la nobleza que se instalaba en las nuevas tierras, ya que la aparición de grupos sociales como los caballeros hidalgos o caballeros de cuantía recibían su consideración social de los buenos heredamientos o concesiones de tierras que el Rey les concedía.

Por otra parte, la Repoblación era un arma, en opinión del profesora Julio González, especialista en Historia Medieval. El territorio andaluz fue mucho tiempo una zona de guerra, una área geográfica susceptible de guerras, incursiones y revueltas como producto de encontrarse en la frontera entre Castilla y Granada, reinos enemigos durante mucho tiempo. Por eso, la configuración de la repoblación andaluza se estableció en base a tres fases: frontera, fortificación y repoblación .

La reactivación económica de las tierras fronterizas no era una cuestión menor para los monarcas. Éstos, sabedores de la necesidad que significaba la productividad en aquellas tierras para afianzar su poder mediante la instalación de nuevos pobladores, establecieron mecanismos cada vez más precisos y certeros en cuanto a materias de repartos de tierra. Esto favoreció que desde el poder real se creasen Repartimientos, que encerraban en sí todo un entramado jurídico, político y legislativo capaz de reorganizar el territorio reconquistado.

Pero, ¿cómo se produjo el desalojo de la población musulmana? ¿Fue un proceso completo o parcial? La nueva población cristiana, ¿permaneció mucho tiempo en las nuevas tierras o se marchó al poco tiempo? Son preguntas varias que requieren varias respuestas.

El desalojo de la población musulmana se basó en una triple fórmula:

a) Asalto: consistente en la toma por las armas de una plaza fuerte, los vencedores se repartían todo el botín de la batalla y la población derrotada era diezmada o prácticamente exterminada.Por ejemplo, en Quesada (1231) o Alcalá de Guadaira (1247) fue este el procedimiento empleado.
b) Capitulación: tras un breve asedio, se producía una breve negociación, por la que los vencidos podían llevarse sus bienes muebles consigo transportándolos. Así se lograron Córdoba (1236), Sevilla (1248) y Niebla (1262).
c) Pacto: Los vencidos podían conservar sus propiedades y su régimen de libertades, pagando tributos y siendo vasallos del rey. Esta modalidad fue muy extendida en su aplicación en el Reino de Jaén.

El problema es que en el caso de las últimas modalidades, los moros quedaban en muchos casos con prácticamente la totalidad de sus bienes o propiedades, lo que no dejaba mucho espacio legal para que los pobladores cristianos pudieran asentarse más que en tierras realengas situadas en la ciudad. Eso, a la postre, sería una de las causas que provocaron la insurrección conocida como Revuelta Mudéjar en 1264.

Una vez conquistada una plaza fuerte o ciudad, se procedía al botín y posteriormente, el repartimiento, como indicó Julio González. El botín consistía en una liquidación económica en concepto de compensación de los daños y pérdidas por guerra. El Repartimiento deberíamos enfocarlo así: un procedimiento legal para dotar a las ciudades de una base económica suficiente que garantizase su subsistencia.

Reconquista, de Tierra Santa.

lunes, 31 de enero de 2011

El pergamino: fabricación.

Si habéis leído los comentarios del artículo pasado sobre el pergamino, la cuestión que se repartía en ambas aportaciones de los lectores radicaba en el fondo en el coste que significaba producir pergamino. Y en efecto, fue así. Sólo tenéis que imaginaros una sociedad preindustrial como la de los tiempos medievales, que no conocía ni por asomo conceptos como fabricación en cadena o fabricación en serie. Todo se producía de manera artesanal, y el pergamino no iba a ser una excepción. Era necesario el sacrificio de muchas cabezas de ganado, lo que suponía perder fuerza motriz y fuentes de alimento básicas. Por otra parte, la mano de obra que requería el tratamiento del pergamino era obligatoriamente especializada, y consecuentemente, cara. Se requería una buena conjunción de materiales de calidad y maestría, lo que remataba el precio final en un alto coste. Ésa es una de las razones por las que los amanuenses medievales aprovechaban casi la totalidad de los pergaminos sobre los que escribían, ya fuese añadiendo notas al margen, reduciendo el tamaño de las letras, inventando o incorporando abreviaturas para reducir gasto (¿a que os creíais originales con los textos de los sms?) y en situaciones extremas (habituales), raspar los escritos antiguos para reaprovecharlos por caso de necesidad urgente.


Hay diversos métodos de fabricar pergamino, casi tantos como regiones productoras. Dependía en exclusiva del talento y los requisitos que el artesano imponía a sus clientes en cuanto a materiales y componentes. En pos de la claridad, pondré los pasos básicos comunes a toda esta variedad que os comentaba.


1) Se elegía pieles de oveja o de ternera, ya que presentaban la ventaja de que podían ser escritas por ambas caras. Varios aspectos a tener en cuenta, como la naturaleza y la edad del animal, ya que de éstos dependían otros rasgos como flexibilidad, dureza, blandura, blancura, color o la presencia de granos pilosos. En el caso de piezas extraídas al ganado bovino, se prefería la de los ejemplares jóvenes porque era más manejable.

2) La piel extraída se sumergía en un generos baño de cal mediante tenazas, lo que le confería cierta blancura extra. Más tarde, esa pieza se estrujaba y estiraba varias veces para extraer sangre e impurezas que llevase aún la piel.

3) El ejemplar era dispuesto en un caballete, en el cual se rasuraba con tijeras y cuchillos de filos apropiados para el tipo de pergamino a confeccionar. De esta manera, se garantizaba que el pergamino perdiese mal holor, partes negras y células pigmentarias que afeaban su superficie.

4) La piel es sometida a un baño de agua caliza un día entero y repasada con el cuchillo. La superficie del pergamino adquiere una textura suave, apta para teñirse con la tinta.

5) La pieza se lleva a continuación a un bastidor, que se tensa para que el artesano con un cuchillo especial repase de nuevo usando gran fuerza los posibles restos de granos pilosos. Para esto, era más agradecido trabajar piel procedente de lomo, vientre, omóplatos y traseros, que era más seca de grasas.

6) Tras todo este proceso, obtenemos una pieza cuyas células han sido reordenadas por la tensión del bastidor y limpiar por el empleo de la cal, yeso y creta. En esta fase, el pergamino se dispone sobre un jergón de paja para ser rascada de nuevo. Interesante el hecho de que los residuos generados ahora no se desperdician, sino que se mezclan con otros componentes para formar la cola con la que se pegarán los pergaminos en los códices.

7) El pergamino es tratado con piedra pómez o semejante material. De esta manera, las tintas ganaban mayor adherencia sobre la superficie del pergamino.

En el caso de pergaminos dirigidos a formar partes de códices, el proceso (que ya habréis comprobado que es harto laborioso) se hacía aún más lento, puesto que se solían elegir las zonas del cuello y de los miembros del animal, aunque fuesen más fáciles de romper. Además, el proceso de limpieza era más exigente, puesto que la escritura de un códice debía ser limpia y fácil de realizar.


Después de esto, no os extrañará por tanto que aprovecharan al máximo los pergaminos para la escritura, ¿no?.

Por cierto, os invito que veáis este magnífico vídeo que seguro que suscita debate entre vosotros. Actualmente, muchos critican el empleo de nuevas tecnologías apostando por el papel, pero...¿qué pensarían en la Edad Media con el pergamino en comparación con el papiro de la Antigüedad?

Aquí tenéis.

domingo, 30 de enero de 2011

El Pergamino: historia.

Con el tiempo, el papiro como soporte escriturario fue sustituido por un nuevo material que presentaba diversas ventajas en comparación: el pergamino. Este cambio se produjo primero en el campo de la producción literaria, para después, pasar al documental y difundirse por completo durante los tiempos medievales. Sin embargo, es necesario apuntar que el uso del pergamino no fue algo novedoso, ni mucho menos. Ya en el II Milenio antes de Cristo, tenemos constancia del primer escrito sagrado sobre pergamino, unos rollos de cuero que contenían un tratado de matemáticas y de leyes de la corte del Visir en Karnak, Egipto.

En el siglo I a.C, Varrón refería el comienzo del uso del pergamino a la corte de Atalo I, quien fundó una biblioteca en Pérgamo. Al rivalizar dicha biblioteca con la de Alejandría, el rey de Egipto decidió dejar de suministrar papiro a Pérgamo, lo que forzó a los atálidas a tener que buscar otro soporte, en este caso, el pergamino. Seguramente, Pérgamo no creó el pergamino, pero sí es posible que pudiese perfeccionar el proceso de fabricación, siendo en opinión del especialista Giorgio Cencetti esta ciudad el primer centro de difusión del pergamino (conocido por entonces como "membrana").

El uso de los pergaminos en el Antigüedad Clásica fue muy restringido. Autores como Virgilio, Lucano, Ovidio o Cicerón hacen referencia al pergamino de manera directa o indirecta. En el caso de Ulpiano, una larga disertación en su "Digesto" muestra que el uso del pergamino era habitual para la confección de libros. Sin embargo, el pergamino no hallará su expansión definitiva hasta el siglo IV d.C. Códices íntegros o fragmentos apreciables de la Biblia fueron realizados ya sobre pergamino. Con el tiempo, el papiro irá quedando reducido a manuscritos menos lujosos y más económicos. De hecho, es relevante para considerar la importancia del cambio del papiro al pergamino la labor de los monjes amanuenses. Prueba de ello fue el trabajo de los monjes Euzoio, Acacio y Cesárea transcribieron bibliotecas enteras de papiro al pergamino, lo que nos ha permitido hoy día contar con información valiosa de aquellos tiempos y anteriores.

En Italia, el Edicto de Rotario (643 d.C) fue realizado por completo en pergamino, según las noticias que nos han llegado. El ejemplar más antiguo conservado en Italia está datado en el año 716 d.C, custodiado en el Archivo de Estado de Milán. En Francia otros documentos en pergamino arrancan de una cronología del año 670-671 d.C. En Inglaterra, los documentos más antiguos encontrados son diplomas regios datados entre los años 679 d.C y 682 d.C. En España y Alemania, la horquilla temporal que encontramos abarca entre los siglos VIII y IX d.C si queremos encontrar ejemplares antiguos y primigenios de pergamino.

El pergamino empleado para ser el soporte de códices de gran lujo recibía un tratamiento especial, y la belleza plástica que encarnaba le hizo popular para el resto de regiones europeas que manufacturaban el pergamino para uso librario. Se teñían de púrpura y se escribía en él con oro y plata, aparte de dedicarle una gran decoración. Numerosos códices se realizaron así: Codex Argenteus (Upsala), Codex Rossanensis, Codex Palatinus, Codex Bruxianus... Durante el período carolingio, la Biblia de Carlomagno es un magnífico ejemplo de estos pergaminos purpúreos.

Seguramente, durante el período bajo medieval, el papel, que comenzaba a difundirse por Europa, era aún considerado un soporte menor en comparación con el pergamino, ya que se le achacaban dos defectos principales: poca resistencia y perecedero. Dichos defectos no se veían en el pergamino, dotado de una mayor durabilidad y resistencia a los efectos medioambientales (aunque como ya veremos en otro artículo, el pergamino era también un material sensible). Pero, de la misma manera que ocurrió con el papiro, el pergamino irá siendo gradualmente sustituido por el papel, que dispondrá de mayores ventajas, algunas de las cuales radicaban en su ligereza, su fácil transporte y almacenaje, aparte de que en la nobleza de siglos postreros (siglos XV y XVI), hará uso del nuevo soporte.

domingo, 3 de octubre de 2010

El Milenarismo (I).


Como un amenazador fantasma, en la Europa cercana al año 1000 d.C, una sombra recorrió todos los reinos que la componían. Se aproximaba el fin de los tiempos, el Advenimiento del Mesías y el Juicio Final. Tal y como se recogía en el Apocalipsis de San Juan, parte del Nuevo Testamento y texto de gran cripticismo y complejidad, Dios volvería a la tierra para depurarla de todos los males y vicios que la asolaban, trayendo una nueva era de paz y purificación. El Apocalipsis era esperado como una especie de catarsis o limpieza del alma, y ante él, la Cristiandad sería sometida a un duro juicio en el que los justos estarían a la derecha de Dios y los impuros, condenados a los fuegos del Infierno.

Justificando todo esto, la Iglesia, poderosísima hasta el extremo en aquellos tiempos ya que controlaba los exiguos medios de comunicación de la época y estaba integrada por las mentes más preclaras y preparadas de su tiempo entre sus componentes, encontró en numerosos detalles y sucesos cotidianos argumentos por lo que se debía pensar que el Fin se aproximaba. Las manifestaciones de enfermedades altamente contagiosas y virulentas, sucesos como quemas de Iglesias o visiones de Santos o de la Virgen alertando sobre la conveniencia de abandonar el pecado y ajustarse a la Fe eran suficientes como para que el Apocalipsis se fuese tomando en serio. Esto se notó claramente en la mentalidad colectiva. El número de ingresos en Órdenes Monacales aumentó y de la misma manera, los actos religiosos. Muchas concesiones y donaciones fueron hechas por familias nobles que temerosas del fuego infernal, intentaban comprar su salvación y su acceso al Cielo. Peregrinaciones espontáneas surgieron y fue habitual observar marchas de flagelantes que iban de un pueblo a otro para conminar a sus habitantes a purgar sus pecados antes del Fin. Desde el punto de vista cultural, la producción literaria se centró en el Apocalipsis y las liturgias y ritos eclesiásticos abordaban el tema con asiduidad. Si a eso le sumamos el aumento de la violencia feudal y las guerras y el hambre consecuente...podemos imaginarnos muchas cosas.

Quizás hoy día, a nuestra "moderna" y "progresista" mentalidad, eso pueda interpretarse como algo infantil, propio de una sociedad atrasada e inculta, fanática. Pero últimamente, estoy observando detalles que sinceramente están dejándose caer entre la población, a través de múltiples canales, de formas directas e indirectas. Respecto a nuestra sociedad de la información, me vienen a la memoria las sabias palabras del maestro Umberto Eco, que señalaba que actualmente la censura no viene dada por un Poder que corta la información desde su origen, sino en que se suministra tal cantidad de información y además contradictoria, que la población no sabe qué creer, discernir lo verdadero de lo falso ni asimilarla.

En los últimos meses, os comentaré por encima noticias que he podido leer, ver y escuchar en los diferentes medios de comunicación:
- 2012: película infumable donde las haya, pero que genera una expectación tan grande que por fuerza casi toda la población debe saber en qué consiste el Apocalipsis.
- Cercanía del asteroide Apophis para 2036.
- El Sol se ha despertado tras un largo letargo y comienza a emitir una mayor radiación solar.
- La radiación solar amenaza con destruir el sistema eléctrico mundial y desencadenar una catástrofe global sin precedentes.
- Se están detectando temblores en el parque de Yellowstone (USA).
- El cambio climático.
- Reaparición de antiguas enfermedades y descubrimiento de bacterias peligrosas entre los hielos de la Antártida, como consecuencia del cambio climático que acarrea la fusión de dichos hielos.
- Pérdida de costas y alteración de las líneas de costa.
- Fin de las energías fósiles.
- Hay miles de cuerpos celestes que pasan cerca de la Tierra y que no están controlados hasta que es tarde.
- ¿Qué hay que hacer si sucede una catástrofe?.
- Consejos para sobrevivir en casos extremos.
- USA y Rusia están preparando un plan secreto para destruir asteroides.
- Y a nivel de la sociedad... ni os cuento, aunque para mí, éstas sí que son apocalípticas y peligrosas.

De entre lo que he dicho anteriormente, hay noticias que tienen visos de veracidad y otras no. Además, como resulta que la Ciencia cada día que pasa se está viendo involucrada en una espiral de autoritarismo y omnipotencia mayor, con grandes dosis de dogmatismo, todo lo que proceda de fuentes científicas, ampliado por los medios de comunicación y su sensacionalismo, parece dar la sensación de ser algo irremediable y a lo que no hay capacidad de réplica posible.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La batalla de Alarcos (1195)


17 de Julio de 1195. Castilla La Mancha, en lugar situado a dos leguas de Ciudad Real. Bajo el pleno e inclemente sol que asola la submeseta sur, dos ejércitos se encuentran distanciados entre sí a poco más de un tiro de arco. A un lado, una línea de batalla cuyo eje principal se encuentra en una fortaleza, compuesta de caballeros nobles, campesinos, voluntarios y milicianos. En lado opuesto, y en comparación con el bando enemigo, una masa de hombres armados que conforman un ejército dividido en dos partes. Días atrás se han estado tanteando las fuerzas, pero aún la batalla no ha comenzado.

Por orden del rey Alfonso, el ejército cristiano, que se organiza en base a la fortaleza de Alarcos, avanza hacia el enemigo. Comienzan las provocaciones, los primeros lances y desafíos, pero los almohades no reaccionan, ni se mueven un ápice. Simplemente, permanecen en sus puestos sin actuar. Sabedores de su inferioridad, los cristianos deciden retirarse de nuevo a su posición inicial, lo que conllevó un cansancio extra, debido al esfuerzo del movimiento bajo las pesadas armaduras y el sol manchego. Además, los nervios están pasando factura al bando cristiano. La moral comienza a caer en las filas castellanas, mientras que Abu Yusuf, califa almohade, observa con agrado cómo las tropas enemigas se retiran.

Alfonso VIII de Castilla se encuentra en el interior de Alarcos. Esa fortaleza había sido edificada a toda prisa desde que en verano del año anterior, después de una razzia cristiana en el valle del Guadalquivir que provocó muchos daños, el Califato Almohade declarara la guerra a Castilla tras un breve período de paz. Y no sólo había ordenado levantar aquella fortaleza, sino que además, había intentado repoblarla, pero la dureza del terreno y el peligro de tener al enemigo tan cerca, habían disuadido a los posibles pobladores de hacerlo. Sus planes habían fracasado, por lo que las mesnadas cristianas el día 25 de Junio ya se habían reunido en Toledo para marchar sobre Ciudad Real. Don Diego López de Haro, figura indiscutible del reinado de Alfonso VIII, contempla al monarca preocupado en la sala, rodeado de otros nobles.

Día 18 de Julio de 1195. Al romper el alba, el campamento cristiano bulle de excitación. La línea de batalla almohade ha mostrado movimiento y es muy posible que la batalla se inicie. Cosa que sucede. De un lado, un cuerpo de ejército comandado por el jeque lidera tropas andaluzas, árabes, zenetes y ayzeres, mientras que el califa en persona dirige a su guardia personal, negros y almohades. Los cristianos confían en poco más que un milagro, basando su solidez en la fortaleza. Los caballeros castellanos se lanzan a la carga, entablándose un combate cuerpo a cuerpo durante horas, sin resultados. Pero la jornada deparará una dura lección para los cristianos.

El modo de luchar en la Europa Medieval era muy simple, y se basaba en la fuerza del caballero, quien embutido en su coraza y en su caballos de batalla, se lanzaba a toda velocidad para atravesar al enemigo. El Caballero medieval sería todo lo parecido a un tanque actual. Sin embargo, su contrapartida, y es lo que se aprenderá en esta ocasión, será un humilde jinete musulmán, quien apenas equipado con ropas ligeras y con extraordinario dominio del arco y la flecha sobre un corcel pequeño, evitará entablar combate, lanzándose por los extremos o flancos del enemigo y a distancia, asatearlo y desgastarlo con sus proyectiles. Muchos caballeros perecieron en aquella batalla. De hecho, cinco mil personas fueron cautivas, después de que la caballería ligera almohade flanquease al enemigo y lo atacase por detrás, rompiéndolo por completo.

Alfonso VIII, rey de Castilla, había jurado morir en combate, pero sólo la intermediación de don Diego López de Haro evitó lo peor. Éste, exponiendo su vida, ordenó a otros nobles que trasladaran al monarca y lo llevasen a Toledo cuando la fortaleza estaba cayendo. Los almohades tomaron la fortaleza e hicieron preso al noble de Durango, aunque fue liberado poco más tarde ya que un noble traidor, don Pedro Fernández de Castro, intercedió por él ante su señor, el Califa.

Las consecuencias de Alarcos fueron preocupantes. Castilla quedó sobrecogida por el terror, sobre todo cuando restos de tropas almohades aparecieron en el horizonte de Toledo amenazantes. Desde entonces, parecían resucitar los fantasmas de que los musulmanes, a través de sus incursiones, pudieran recuperar el terreno perdido que a los cristianos les había llevado cientos de años reconquistar. Además, en cadena, se perdieron otras fortalezas, como Caracuel, Benavente, Calatrava o Malagón. Y para colmo, Alfonso VIII es consciente de su debilidad internacional. Ningún otro reino cristiano se apresta en su auxilio.

Duros tiempos para Castilla.

Información extra:

Estudio arqueológico de las batallas de Alarcos y Las Navas de Tolosa.
Cómo eran las batallas medievales.
Batalla de Alarcos jugada con Medieval Total War 2.

martes, 20 de abril de 2010

Consideraciones sobre la Edad Media.


La Historia Medieval recibe su nombre de la clásica organización del conocimiento histórico que tuvo lugar en el siglo XV por los humanistas. Finalmente, en el siglo XVII, Cristóbal Keller escribió “La Historia del Tiempo Medio entre Constantino el Grande y la caída de Constantinopla”. Por tanto, ese término, “medieval”, sería el equivalente a algo que está en medio, y ese concepto, ese cariz, da la sensación de que ese período de la historia sería algo sobrante, marginal. Esa noción en cierto modo negativa de lo que es medieval, se perpetuó finalmente en el siglo XVIII, con la aparición de los Filósofos o Ilustrados, que proporcionaron una imagen de oscuridad e irracionalidad a la Edad Media frente a las luces de las ideas de Rousseau o Voltaire.
Quizás en este punto, deberíamos reflexionar sobre los tiempos medievales, sobre su sentido vital y las enseñanzas que de ellas se puede aprehender.
El mundo medieval ha quedado ligado siempre a Europa, de tal manera que resulta complicado pensar en alguna forma de Edad Media fuera de las fronteras europeas o de sus zonas limítrofes. La razón se encuentra en que es precisamente en la Edad Media cuando aparecen las realidades nacionales que hoy día perduran. Naciones como Inglaterra, Francia, Portugal o la misma España hunden sus raíces en los procesos sociales, políticos y económicos del Medioevo, por lo que no puede resultar rara esa asociación Edad Media – Europa. Pero hemos de llamar la atención sobre “el Turco”, por ejemplo, en tanto en cuanto sin su presencia la historia europea habría sido otra (recordemos que en 1453 Constantinopla, el último reducto del Imperio Romano, cae en manos de Mehmet II) o la expansión del Islam desde la muerte de Mahoma en el 630 de nuestra Era u 8 de la Hégira, que llevaría a los ismaelitas a controlar la mayor parte de la península Ibérica. Como podemos observar, es una época fascinante de contactos entre culturas muy diferentes, con toda la problemática que esto conlleva.
En el aspecto económico, ¿qué herencias tenemos de tiempos medievales?. Habría quienes seguramente y no sin razón, adjudiquen que gran parte de los conocimientos agrícolas del Medioevo ya se conocían en tiempos romanos, o bien, que procedieron de los árabes por mero contacto intercultural. Ciertamente, pero no debemos de dejar de tener en cuenta que es en esta época cuando aparecen estructuras económicas en el campo que se van a perpetuar en el tiempo, con más o menos cambios, hasta la implantación de los regímenes liberales en el siglo XIX (y en algunos casos, como Rusia, hasta el siglo XX). ¿Quién no ha oído hablar de lo que era un feudo?, ¿del trabajo “a destajo”?, ¿del contrato enfitéutico, la servidumbre de gleba…? De hecho, algunos de estos términos han quedado incluidos dentro del vocabulario cotidiano actualmente, con las deformaciones que esto conlleva. Un ejemplo: la visión idealizada de los nobles feudales defendiendo a su rey es algo que se antoja divertido si lo analizamos detenidamente.
Términos como vasallo, campesino, villano, caballero…quedan ligados a una sociedad que hoy ya no existe. Por curiosidad, comentar que un villano era una persona de origen humilde que vive en una villa, que vasallo sólo podía ser un miembro de las clases dominantes y no un campesino o que un caballero medieval distaba mucho de las virtudes de la caballería que la literatura cortesana, romántica o fantástica ha reflejado en sus páginas. La sociedad medieval era muy heterogénea, con una diversificación cada vez mayor conforme avancen los siglos, y con cierta apertura social de sus estamentos en comparación con los del siglo XVII, mucho más herméticos.
Culturalmente, ha quedado la imagen de una época de superstición y fanatismo religioso, de incultura y pobreza. Cierto es que la Edad Media es una época dura, cruel y difícil para la supervivencia, ya que era la pura lucha entre el hombre y la naturaleza. Una naturaleza que está presente, viva, en tiempos sin luz eléctrica, agua corriente, internet, radio o televisión. Una naturaleza que ofrece cuanto ofrece y a la que no se puede manipular para producir más en menos tiempo como en las economías industriales. Está claro que por todas estas razones, cuanto menos, podemos comprender unos tiempos tan conflictivos como éstos. No hay más que leer muchos de los cuentos para niños como Pulgarcito para ver realmente en ellos los miedos de la sociedad medieval. Al mismo tiempo, nacen dos contribuciones fundamentales para el conocimiento del que se beneficiarán en siglos posteriores. Por un lado, las Universidades (Bolonia, Salerno, La Sorbona…) nacen ahora al amparo de las autoridades eclesiásticas muchas veces enfrentadas a los poderes fácticos civiles de las ciudades. Por el otro, la magnífica y nunca lo suficientemente apreciada labor de los monjes amanuenses de los scriptoria medievales, que “salvaron Europa” gracias a su labor de copia de antiguos escritos de época clásica (aún con los habituales errores, fallos garrafales, confusiones y censuras que abundan en las hojas de los códices o libri quadrata). En el campo de las artes… ¿quién no se siente apabullado por la altura de vértigo de las ojivas góticas de las catedrales de Reims, León o Sevilla o por la espiritualidad místicas del recogimiento sobrio del románico en Castilla?.
En resumen, creo haber esbozado en pocas palabras qué es el Medioevo. No son tiempos de felicidad, caballeros que rescatan princesas o luchan con dragones, pero tampoco siglos de incultura y oscuridad completas e implacables. A mi modo de ver, como he apuntado antes, es sólo la historia del hombre sólo contra la Naturaleza. ¿Sería alguno de nosotros, hoy día, capaz de orientarse en el campo, completamente solo, o sobrevivir de lo que le ofrece la naturaleza durante toda su vida?. Seguramente, no. Quizás no sea tan importante internet para vivir en realidad...

miércoles, 14 de abril de 2010

La Querella de las Investiduras (II).

Con la llegada a la cátedra papal del monje Hildebrando, que será conocido como Gregorio VII en el año 1075, entramos en uno de los papados más intensos del Medioevo. Gregorio VII tendrá en mente la renovación del poder de los Papas, que en los últimos tiempos, había entrado en una fuerte crisis. Con la caída del Imperio Carolingio, Roma se encontró sin apoyos que pudieran asegurar su continuidad, por lo que reconociendo esa debilidad, los Papas pidieron ayuda a los emperadores otónidas del Sacro Imperio Germánico. Hasta tal punto, que Otón III se instaló en Roma durante el papado de Silvestre II, a la par que reestablecía los cargos de la antigua Roma, como los cónsules, los senadores…Aquello se percibió como un posible renacimiento de la Santa Sede, pero la muerte de Otón III en 1002 truncó esas esperanzas, dejando un panorama en el que el Papa estaba a merced de los intereses imperiales. La llegada al poder de la dinastía Salia en el trono imperial supondría la primera pieza del rompecabezas político que supuso la Querella de las Investiduras.
Gregorio VII, al publicar “Dictatus Papae”, dejó bien claras sus intenciones, que se basaban en un principio único: el Papa es la autoridad suprema de la Cristiandad, tanto en su dimensión temporal como la espiritual. Establecía, por ejemplo, que sólo el Papa dispone de las insignias imperiales, que todos los príncipes deberían besar única y exclusivamente los pies del Papa, que el Papa podía deponer al Emperador y que podía desligar a los súbditos de su juramento de fidelidad a un soberano injusto, aparte de establecer claramente que quien no perteneciese a la Iglesia de Roma, no sería católico. Como podemos ver, desde luego, es un ataque enérgico contra la situación que rodeaba al Papado en aquellos años y fue la base de todo el poderío que alcanzarían sus sucesores en la silla de San Pedro posteriormente. Además de esto, también estableció fuertes medidas para acabar con la simonía (venta de cargos eclesiásticos) y el nicolaísmo (relaciones sexuales por parte del clero) que eran los grandes vicios de la Iglesia medieval y promovió una reforma que instauraría definitivamente el código del caballero cristiano.
Las reacciones no se harían esperar. Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Germánico, vio las cláusulas de Dictatus Papae como una agresión directa a sus derechos, especialmente, en un aspecto en concreto. Era habitual que en el Imperio, a la hora de nombrar o investir nuevos obispos, el Emperador otorgase dicho cargo y todos sus símbolos (el anillo o el bastón) a la persona que iba a ser obispo. Este hecho, que pueda parecer algo trivial, no lo era, ya que implicaba que era el Emperador, y no el Papa, quien daba el permiso para el desempeño del cargo. Enrique IV no accedió a las reformas que desde Roma se planteaban, por lo que el Papa amenazó al Emperador con excomulgarlo. La excomunión no era una cuestión baladí en una época en la que los europeos, fuesen de donde fuesen, por encima de todo, eran cristianos y por tanto, obedecían al Papa. La excomunión suponía que el pueblo podía rebelarse contra su rey. La reacción de Enrique IV fue la siguiente. Se rodeó de obispos alemanes que estaban a su favor, convocando un sínodo en Worms en 1076, para declarar nulo el nombramiento papal de Gregorio VII. Sin embargo, Enrique IV comprendió que se había formado en su contra un frente de príncipes que podía ser peligroso para sus intereses. Así que tomó una decisión, que se conoció “la Humillación de Canossa”, de 1077.
Canossa era un castillo situado en el norte de Italia. La historia cuenta que Gregorio VII esperó al Emperador en el interior de dicho castillo, obligándole a ir descalzo por los caminos ataviado con una mísera ropa, sufriendo el rigor de los elementos en su carne. Para aumentar aún más la pena, el Papa se negó varios días a abrirle las puertas del castillo a Enrique IV que esperaba en el exterior a que Gregorio VII cambiase de ideas. Finalmente, éste le permitiría el acceso y forzándole a tirarse en el suelo delante de él como gesto de sumisión, le absolvió de sus pecados y le incorporó de nuevo a la fe de Roma. Este suceso, “La Humillación de Canosa”, ha sido considerada tradicionalmente como una victoria del Papa sobre el Emperador, pero en opinión de algunos autores como Isnard Wilhelm, en realidad fue una treta del Emperador para aparecer ante la Cristiandad como un rey justo y no como un enemigo de la Fe.
Pero la historia sigue. Gregorio VII siguió apoyando a los príncipes contrarios a Enrique IV, tomando parte por el duque de Suabia concretamente y excomulgando de nuevo a Enrique IV. Pero el Emperador movió fichas inteligentemente. Convocó de nuevo un sínodo en Brixens, en 1080, deponiendo a Gregorio VII y reconociendo a Wiberto de Ravena como Clemente III. Enrique IV invadirá Roma en el año 1084, y allí, Clemente III le nombrará de nuevo Emperador. Gregorio VII tuvo que escapar de la Santa Sede, buscando la protección de los normandos en Salerno, donde moriría en el año 1085.
Parecería que el Papado, de nuevo bajo el poder imperial, no daría más quebraderos de cabeza al Emperador. Pero no fue así. Los obispos europeos no reconocieron a Clemente III como Papa, y por esto, eligieron a uno nuevo, Víctor III, que murió en el mismo año que fue nombrado Papa, así que fue sucedido por Urbano II, quien siguió presionando en la línea que marcase Gregorio VII años atrás. Enrique IV no pudo mantener el ritmo de la Querella de las Investiduras, por lo que decidió que el asunto ya debía pasar a manos más jóvenes, abdicando en su hijo Enrique V.
Con Enrique V llegará el fin de la Querella. Enrique V intentó llegar a un acuerdo en Sutri con Urbano II, estableciendo que el Emperador renunciaría a nombrar obispos mientras que los obispos perderían el derecho a disfrutar de concesiones temporales por parte del Emperador (regalías). Sin embargo, esta medida no prosperó, así que Enrique V, deseoso de terminar con el problema, obligó al Papa por la fuerza a que le devolviese sus derechos de investidura y a nombrarle Emperador en Roma en el año 1111.
Ese acto de fuerza irritó de nuevo a los obispos de la Cristiandad, que bajo el papa Calixto II, buscaron la forma de concluir el problema. Finalmente, en 1122, en el Concordato de Worms, se llegaría a un acuerdo:
- El Emperador permite la libre elección de obispos y renuncia a la investidura de los obispos entregando el anillo y el bastón.
- Sin embargo, el Emperador concederá las dotaciones temporales a los obispos mediante símbolos temporales (por ejemplo, si concedía la provisión de tierras, entregaba al obispo un puñado de tierra).

Si tuviéramos que tomar una terminología futbolística, diríamos que el encuentro se saldó con un empate. Por un lado, el Emperador perdía el derecho de dotar espiritualmente a los obispos, favoreciendo al Papa así, pero por otra parte, mantenía el control del obispado, ya que sin tierras de las que poder vivir, ninguna concesión espiritual podría mantenerse. Es decir, que el patrimonio de la Iglesia dependería directamente del poder temporal, y eso no era algo baladí.

BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA:
WILHELM FRANK, ISNARD: “ Historia de la Iglesia Medieval”.
DE MOXÓ, S: “ Los Estados Pontificios (I)”.
VV.AA: “La Inquisición: tribunal contra los delitos de Fe”.

martes, 13 de abril de 2010

La Querella de las Investiduras (I).

La Iglesia Católica, es en la actualidad, la única institución del mundo que posee cerca de dos mil años de vida. En un período de tiempo tan extenso, es lógico que haya habido momentos de gran poderío contrastados con épocas de crisis importantes, lo cual ha hecho que aún hoy día, cuando asistimos al estudio de la Iglesia Católica, se aborde desde un punto de vista ya preestablecido, en atención o bien a sus luces o bien a sus sombras. Desde esta página, intentaré en la medida de lo posible, rozar la objetividad, ya que este conjunto de artículos que voy a colgar en el blog van a estar fuertemente unidos con la historia de la Santa Sede en el Medioevo.

¿Qué es la Cristiandad?.
Es el conjunto de personas que poseen una misma religión (el cristianismo), que posee una lengua litúrgica común (el latín) y que deben obediencia al obispo de Roma (el Papa).
Esta definición se ajusta a la perfección a la Edad Media, pero a fines de ésta, irá modificándose en función de los acontecimientos. Es muy importante tener en cuenta esta definición, porque si nos fijamos, trata a los cristianos del mundo conocido, sin distinción de reinos entre ellos, y con obediencia, por encima de todo, al Papa.

Las Dos Espadas.
Antes de iniciar cualquier estudio de la Iglesia, es necesario detallar un principio legal que va a ser el que propicie muchos de los enfrentamientos que tendrá la Iglesia medieval en estos tiempos. ¿Quién tiene el poder, el Papa que representa el poder espiritual o el Emperador, que posee el poder temporal?

Habrá dos concepciones distintas:

Monismo teocrático: el sacerdocio está subordinado a la monarquía. Se basa en el principio de que Cristo es cabeza de la Iglesia, no tanto por ser Dios, sino por ser Rey. La Iglesia está sometida a Dios, por tanto, al Rey. Los reyes son representantes de Dios en la tierra, así pues, al emanar todo de Dios y en este caso del rey, cualquier institución del reino le pertenece, entrando dentro de la categoría de institución la misma Iglesia. Se percibe por tanto a los obispos como meros funcionarios reales.

Dualismo teocrático: según la Iglesia, existen dos principios claros, la potestas regalis (o el poder real) y la autorictas pontificalis (la autoridad pontificia), ambas encaminadas a coordinarse para gobernar el cuerpo de la Cristiandad. Desde la Iglesia, se percibe el regnum como la obligación del poder temporal de defender y difundir la Fe, mientras que el poder espiritual debe buscar la santificación y la reconciliación. Por ello, el poder temporal está supeditado a dotar de todos los bienes materiales necesarios para que el poder espiritual pueda cumplir con su tarea. Dentro de esta concepción, podríamos señalar que propició la aparición de una gran cantidad de imágenes y símbolos que lo representaban (el sol y la luna, el alma y el cuerpo… y las dos espadas).

En la Bula Una Sanctam de Bonifacio VIII, de 1302, podemos encontrar una buena definición del concepto papal de los dos poderes, las dos espadas: “ambas están, por consiguiente, en manos de la Iglesia, tanto la espiritual como la temporal. Pero ésta debe empuñarse a favor de la Iglesia, que a su vez, se encargará de la otra. La primera pertenece al sacerdote, la otra está en manos de los reyes y guerreros, pero a las órdenes del sacerdote y con su permiso”.

Las teorías que hemos expuesto evolucionarían con el pasar de los siglos. La espada espiritual o gladius spiritualis se divide en dos: el gladius espiritualiter espiritualiss (la espada espiritualmente espiritual) y el gladius espiritualiter materialis (la espada espiritualmente material). Por hacerlo más sencillo, dentro del poder espiritual existirían dos versiones: el poder espiritual material (encargado de imponer penitencias a los pecadores, intrigas de rebeledes, herejes, violadores…) y el espiritual puro (que gestionaría los problemas elevados de materia religiosa). Sin embargo, el problema vendría a través del poder espiritual material, ya que al no poseer suficiente autoridad como para imponer una pena, necesitaba de la espada del poder temporal (gladius temporalis). Esto, en cierta manera, si lo piensas, implicaba que el poder temporal estaba sometido al poder espiritual como un poder ejecutivo de las penas de carácter espiritual.

Es lógico pensar que estas teorías implicarían en la práctica numerosos conflictos políticos entre dos instituciones fundamentales en el Medioevo europeo, el Papa y el Emperador. Y es cierto. Abundarán los conflictos intelectuales entre partidarios de uno y otro, se acuñarán nuevos términos para definir a los seguidores de ambos bandos (guelfos y gibelinos), habrá combates militares en el norte de Italia debido a todo esto, aparte de espectáculos que incluían desde la excomunión y el interdicto que imponía el Papa al Emperador, o que el mismo Emperador amenazase con tomar Roma al Papa obligándole a exiliarse.

martes, 6 de abril de 2010

La Guerra de los Cien Años (II).


La Guerra de los Cien Años se divide tradicionalmente en cuatro etapas.

a) 1337-1360: Queda sobre todo caracterizada por las grandes victorias inglesas. Eduardo III, habiéndose granjeado el apoyo de algunos territorios flamencos (Brabante, Zelanda) y el del emperador Luis de Baviera, desembarca en Francia. Su campaña será exitosa, siendo nombrado “Rey de Gante” y asediando Tournai. Los franceses apenas pueden contener el ímpetu inglés. A partir del establecimiento de una especie de parada técnica (tregua de Espelechin, 1340), los ingleses se dedicarán a intervenir en los conflictos feudales entre el rey francés y sus señores. Tendrá lugar la resonante victoria inglesa de Créçy, en 1346.
Esta batalla resultó en derrota para los franceses debido a la precipitación de éstos al perseguir a los ingleses sin ningún tipo de precaución. Desconocedor de que los ingleses estaban más cerca de lo que pensaba de sus tropas, y obligando a éstas a marchar sin descanso, el rey francés se encontró aislado con un ejército muy inferior al que tenía pensado para combatir a los ingleses en un principio. A pesar de que sus consejeros intentaron convencer al monarca francés Felipe VI de que era una locura, éste tomó la decisión de asaltar la posición inglesa en lo alto de unas colinas. Para ello, dispuso sobre la marcha una hilera de ballesteros genoveses, los más caros y mejores de su tiempo, para que abriesen fuego sobre los arqueros ingleses situados más arriba. Ése fue un gran error, ya que el ejército inglés se basaba en la gran superioridad de sus arqueros, los long-bow men. Éstos eran avezados tiradores armados con un arco de dos metros de altura, con el que eran capaces de disparar más rápidamente que las ballestas y con una mayor precisión. El rey francés sólo pudo observar cómo sus ballesteros genoveses iban cayendo ante las lluvias de flecha inglesas. Enfurecido, dio la orden a sus caballeros para asaltar la colina en una carga frontal, diciendo “Quien me ame, que me siga”. Los genoveses decidieron huir, mientras que la caballería francesa galopaba cuesta arriba mientras era acribillada por las infames flechas de sus enemigos. Según dicen las crónicas, el combate tuvo una duración larga, desde las 9 de la mañana hasta una hora antes del crepúsculo, con una masacre a favor de los ingleses bajo el liderazgo del Príncipe Negro Eduardo IV y su padre Eduardo III. Cuenta la historia que Eduardo III dijo en la batalla: “Dejad que el muchacho se gane las espuelas”, en referencia a su famosísimo hijo. También se dio la circunstancia de que el Rey Ciego de Bohemia murió en aquella batalla, y su lema nobiliario Ich Dien “Yo Sirvo” conjunto a las tres plumas de su escudo pasaron a formar parte del escudo personal del Príncipe Negro.
Crécy tendrá un gran peso en el subconsciente francés, y determinará muchas veces las acciones de éstos ante el temor a las armas inglesas.
Juan II el Bueno intentará reorganizar a Francia en todos los niveles, pero será tarea imposible. Una fuerte devaluación de la moneda en un 70%, junto a la desobediencia feudal y las epidemias incontrolables de peste serán las causas de que el rey francés se vea impotente. Más aún cuando en la batalla de Poitiers intente hacer frente a Eduardo III y sea vencido y hecho prisionero. Eso obligó a que su hijo, el hasta entonces delfín Carlos y ahora Carlos V convoque Estados Generales en 1359 para arreglar algo la situación y lograr de Inglaterra un tratado de paz, que a la postre, sería muy beneficioso para Francia. El 24 de Octubre de 1360, en la Paz de Bretigny, se logrará la liberación de Juan II el Bueno, que Eduardo III rehúse a sus derechos al trono francés y que, a cambio, Inglaterra amplíe sus territorios gascones.

b) 1360 – 1380: Marcada por la recuperación francesa. Carlos V de Francia con el apoyo del famosísimo en Castilla Bertran du Guesclin llevarán a cabo una serie de acciones que dejarán en mejor lugar a Francia de lo que estaba anteriormente. Por un lado, Du Guesclin se desplaza a Castilla, sumergida en plena Guerra Civil entre Pedro I y Enrique de Trastámara. Con el asesinato de Pedro I en Montiel en 1360 a manos del ya Enrique II de Trastámara, Francia ganará un importantísimo aliado en Castilla. Por eso, la flota castellana participa en las acciones bélicas de Carlos V, quien denunció el tratado de Bretigny, logrando conquistar La Rochela en 1372.


c) 1380-1420: Todo lo conseguido en 1380 se irá al traste cuando Carlos VI sea declarado loco, y por tanto, se permita al irascible y emocionalmente inestable Enrique V de Inglaterra reclamar sus derechos en Francia. De nuevo, Francia caería en el error de subestimar la pericia del ejército inglés, que era muy reducido y poco equipado. Tras una serie de victorias importantes como el asedio en Harfleur, el día de San Crispín (25 de Octubre de 1415), Enrique V logrará otra resonante victoria contra los franceses casi tan épica como la de Crécy. En aquella batalla, de nuevo la táctica francesa de arrollar con su enorme caballería al mando del condestable de Francia D’Albret a los ingleses se vio abocada al desastre. En un terreno embarrado, los caballos tropezaban y caían mientras los caballeros por el peso de sus armaduras se ahogaban en el fango siendo presa fácil para sus enemigos. Cuentan las crónicas que apenas un centenar de ingleses murió en aquel día (la mayoría jóvenes que se quedaron en retaguardia), mientras que en el bando francés fue una auténtica tragedia. El resultado de todo esto a nivel político fue muy duro para Francia: Enrique V se casó con la hija de Carlos VI, Catalina, siendo así heredero al trono de Francia y controlando todo el territorio al norte del Loira.

d) 1420-1453: Quizás la etapa más conocida hoy día gracias al cine, debido a su protagonista Juana de Arco. Esta chica, nacida en 1412, desempeñó un gran papel a la hora de levantar el espíritu de sus compatriotas frente ingleses y borgoñones. Siendo adolescente, recibió exhortaciones de San Miguel, Santa Margarita y Santa Catalina para que reconquistase Orleáns. Según parece ser, es verdad que consiguió convencer a las autoridades militares de la región para tal objetivo. Se vistió de caballero (caso único y extraordinario en toda la historia medieval), y capitaneó a las tropas francesas que tomaron de nuevo Orleáns en 1429. Sin embargo, Carlos VII, coronado rey en la catedral de Reims en 1429 escoltado por la mismísima Juana, no apoyó como debía a la joven. En 1430, Juana de Arco cayó presa en una emboscada a manos borgoñonas. Los borgoñones la vendieron a los ingleses quienes instruyeron un tribunal para que fuese juzgada como hereje y bruja. La confabulación de testigos tanto franceses como ingleses supusieron que Juana fuese quemada viva en la hoguera el 30 de Mayo de 1431. Sin embargo, en 1456, una vez finalizada la Guerra de los 100 años, una comisión de expertos revisó el veredicto para ser más tarde canonizada.

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