lunes, 5 de diciembre de 2011

La Guerra de Guerrillas.

El término "guerrilla" forma parte del vocabulario inglés. Se refiere a un tipo de estrategia militar ligada al desarrollo de tácticas de combate por parte de un bando, que por su inferioridad militar y logística, busca neutralizar la superioridad del rival haciendo uso de las más diversas y variadas artimañas para lograr la victoria. En el mundo anglosajón, "guerrilla" se identifica con la guerra en las selvas sudamericanas, especialmente, a grupos militares o paramilitares con relaciones con el narcotráfico, especialmente.

El origen de "guerrilla" se encuentra en nuestro país, en los patriotas que lucharon contra la invasión francesa que se produjo en Mayo de 1808. En realidad, fue más bien producto de la desesperación y la improvisación, no resultaba del conocimiento militar riguroso. El carácter de la guerrilla hundía sus raíces en el mismo carácter del pueblo español de aquellos tiempos. Espoleado por el analfabetismo y el fanatismo, a la par que por la valentía y el arrojo, el pueblo, carente de un ejército competente que lo protegiese, tuvo que lanzarse a la defensa de su país espontáneamente y sin un mando único que lo coordinase. Por esta razón, las operaciones de la guerrilla tuvieron lugar a escala local, a nivel de aldeas, pueblos y comarcas.

¿Por qué la Guerrilla?
Tras su primera derrota en Europa continental, Napoleón tuvo que abandonar sus pensamientos iniciales de que la conquista de España sería algo fácil. Ingenuamente, el emperador había concebido que el pueblo español, harto del fanatismo clerical y de su atraso, fácilmente sería convencido para apoyar su causa. En base a esto, los cuerpos de ejército franceses que atravesaron los Pirineos estaban conformados por reclutas jóvenes que tenían en la invasión española su primera prueba de fuego real en una situación bélica real. La fama de la Grande Armée era tal que muchos enemigos se rendían antes de que ninguna bala se disparase, arrojando la toalla a las mínimas de cambio favoreciendo e incrementando así la leyenda del ejército napoleónico. Era un buen escenario para que aquella soldadesca imberbe se baquetease en la guerra.

Sin embargo, el revés sufrido en Bailén en 1808 fue inesperadísimo para Napoleón, quien tuvo que reorganizar la invasión de España trayendo hacia tierras peninsulares a tropas veteranas curtidas en las grandes batallas centroeuropeas. Procediendo a un avance en abanico desde los Pirineos, las tropas francesas cubrieron un mayor territorio y su poderío bélico fue silenciando todo el reino hasta dejar solamente Cádiz como última ciudad sin conquistar. Así las cosas, el maltrecho ejército español no era rival para el francés, por lo que la defensa recayó en el pueblo.

Métodos de la Guerrilla.
Como se puede leer en muchos testimonios de la época, la labor de la Junta Central de Defensa para organizar los suministros y municiones de armas era algo difícil de conseguir. Había que coordinar territorios lejanos entre sí mediante correos de postas, con el peligro de que fuesen interceptados por los invasores. Prácticamente, el reclutamiento de fuerzas era misión imposible y el peso tuvo que recaer en el pueblo llano.

Las tácticas empleadas por la guerrilla eran simples, pero efectivas. Sabedores de que no eran rival para un ejército como el francés, bien organizado y con gran experiencia, los españoles tuvieron que buscar alternativas. Los combates tenían que ser rápidos, efectivos y a escala local para una mayor coordinación de los guerrilleros. Las áreas de acción eran variables, pero siempre tenían como punto central un lugar situado en zonas poco transitadas. Ejemplo de ello sería la Sierra de Málaga, en la que los guerrilleros encontraban refugio de las tropas francesas. Los golpes, como os he comentado, debían ser muy escogidos, de manera que provocasen daño a la logística francesa. Ataques a diligencias, refuerzos o miembros del funcionariado francés en carretera era lo habitual.

Además, el hecho de poder atacar en cualquier momento en cualquier lugar nos traslada a un concepto de guerra total en lo que se refiere a la guerrilla. Quizás por primera vez, encontramos una guerra total comprendida como un sinfín de recursos y acciones militares independientes de convenciones militares tradicionales. No importa si es de noche, día o la hora de la siesta. Los ataques no cesan y procuran desgastar al enemigo física y moralmente.

No penséis que el guerrillero era un combatiente experto y bien armado. Guiados por jefes o miembros que tenían experiencia militar, los guerrilleros iban adquiriendo gradualmente las habilidades para la lucha. Por otra parte, muchos expertos, señalan que la guerra de guerrillas fue una guerra especialmente cruel y sanguinaria, ya que el armamento de los combatientes era muy rudimentario y básico. Hoces, cuchillas, guadañas, navajas de muelles...eran las principales armas de combate cuerpo a cuerpo mientras que a distancia poco más había que el trabuco. Era por tanto necesario una lucha sin cuartel en combate cuerpo a cuerpo. Como podemos leer en testimonios de la época, los requisitos para ser guerrillero estribaban especialmente en lo que el propio guerrillero podía aportar a la causa. Quien tuviese caballos sería jinete, quien lanza, lancero... Esto os indica el carácter humilde y popular de la guerrilla.

Otra cuestión que no podríamos pasar por alto radica en el efecto psicológico de las acciones de la guerrilla. Al buscar el ataque sorpresa y practicar el subterfugio, el enemigo del guerrillero se ve sometido a una presión psicológica constante todo el tiempo en todo lugar. El objetivo no puede vivir tranquilo, y aunque tome medidas drásticas mediante el terror indiscriminado de fusilamientos de poblaciones enteras (caso de zonas de la campiña sevillana), eso sólo implica que la situación empeore. El desconocimiento del área geográfica agrava la situación, pues no se conoce un lugar de origen al que poder atacar y así eliminar la oposición. En ocasiones, la guerra de guerrillas se asemejaba a luchar contra fantasmas.

Consecuencias de la Guerrilla.
Evidentemente, por muy efectiva que fuese este tipo de guerra, no servía para vencer o doblegar a un enemigo serio. Podía lograr grandes éxitos como cortar comunicaciones, provisiones... pero no era capaz de crear un vuelco de la situación. Hasta la llegada del apoyo inglés por medio del general Wellington y la reorganización escasa de las armas españolas, no podemos encontrar un cambio significativo en el signo de la confrontación.

No obstante, del fenómeno histórico de la guerrilla destaca claramente en el ámbito de sus consecuencias la repercusión en la conformación del ejército español tras la Guerra de Independencia. Finalizada la contienda, el ejército español procedió a una penosa reestructuración en todos los niveles, especialmente importante, en los mandos. Tened en cuenta que durante los tiempos del Antiguo Régimen, los mandos militares eran materia reservada para la nobleza, lo que descartaba del ascenso a escalafones más altos a militares de origen humilde. Poco importaba la preparación o la experiencia del militar, sólo su origen. Durante la Guerra de Independencia, muchos nobles abandonaron sus obligaciones procurando evitar la guerra y sus posibles efectos colaterales. Esa carencia de mando fue suplida de manera personal y espontánea por héroes de la guerrilla, como Espoz y Mina o El Empecinado, ambos campesinos e hijos de labriegos que acarrearon junto a otros más el peso de la defensa nacional. Al término de la guerra, estos nuevos mandos observaron con desagrado cómo Fernando VII procedía a la disolución de la guerrilla, a la par que se les mostraba hostil como poseedores de un mando que debido a su origen humilde no deberían detentar y sus simpatías al liberalismo.

Gracias a esto, con los vaivenes de la represión fernandina durante el Sexenio Absolutista (1814-1820) o la Década Ominosa (1823-1833), en el ejército caló el mensaje liberal. Conforme la política real fue haciéndose más errática y fallida en sus decisiones (sobre todo en la gestión de la emancipación de las colonias en América), el papel del ejército en la sociedad española fue aumentando. Espoz y Mina, claramente enemistado con el rey Fernando VII, tuvo que abandonar el país tras la vuelta del Borbón. Poco después colaboraría con otros mandos para apoyar el triunfo del pronunciamiento de Riego que daría origen al Trienio Liberal y la recuperación de la Constitución de 1812. Tras la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis que puso punto final al Trienio Liberal, El Empecinado tuvo que exiliarse a Portugal hasta perder la vida a manos de la represión fernandina a su regreso a España. El coronel Riego, protagonista del pronunciamiento de las Cabezas de San Juan, también encontraría la muerte en 1823. Estos casos demostraban bien a las claras que dentro del ejército español la oposición a la monarquía absolutista de Fernando VII que quedaba expresada en los pronunciamientos. Desde aquí encontramos las señales que justificarán el papel del ejército como guarda del liberalismo en España y salvador de la Patria durante el siglo XIX.

Por otra parte, no me gustaría concluir el artículo sin llamar vuestra atención a un detalle. Muchos tienden a denominar a los guerrilleros como bandoleros, pero eso es falso, aunque tiene conexión. Hubo parte de los guerrilleros que al cese de las hostilidades, se encontraron con una perspectiva desoladora: volver al campo a trabajar y vivir de manera desdichada, cuando años atrás, habían vivido del pillaje, el asalto y la violencia. Al no poder adaptarse a su nueva vida en paz, estos guerrilleros prosiguieron su vida en forma de criminales y ladrones, conocidos como bandoleros.

2 comentarios:

Fernando Cámara dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Antonio Miguel Martín Ponce. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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