domingo, 27 de junio de 2010

El Papiro (I)

Es tradicional escuchar en muchas ocasiones, sobre todo en la televisión, cómo se confunden entre sí diferentes materiales escriturarios entre sí, dando igual tanto si se trata de un papiro como de un pergamino. Ciertamente, quizás hoy, en nuestro mundo digital, en el que poco a poco, pero sin pausa, van ganando la partida los novísimos soportes digitales (microfilms,e-books,pantallas flexibles...), las matizaciones entre materiales como el papiro o el pergamino sean casi irrelevantes.

Como amantes de la Historia, me gustaría llamar la atención sobre la importancia que han tenido estos materiales humildes, pero con los cuales se ha construido la civilización a lo largo del tiempo y nos han servido como el armazón básico de Historia documentada que ha permitido a los historiadores desarrollar su trabajo de investigación y la elaboración de teorías historiográficas.

Por ello, a modo de homenaje, analizaremos el primero de los soportes escriturarios tradicionalmente conocidos (aunque no por ello los primitivos).

La Historia del Papiro.
En las sociedades preindustriales, tenemos que tener en cuenta una premisa básica: la falta de transportes que facilitaran un comercio que hiciese proliferar el empleo de cualquier mercancía en un amplio ámbito geográfico. Es por esto por lo que tradicionalmente se ha identificado por parte de la historiografía antigua el génesis del papiro con el país del Nilo: Egipto. Ciertamente, era lógico, ya que las principales fuentes que nos han llegado procedían de Grecia y Roma, quienes conocieron la enorme importancia del papiro en Egipto.

Autores como Estrabón indicaban que en la zona costera de Etiopía, bañadas por aguas frescas, había lugares en los que el papiro había crecido libremente, y también apuntaban a que en Siria, Marruecos y el centro de África existían regiones papiráceas importantes.

La importancia del papiro no se quedaba adscrita a una cuestión puramente material. Trascendía más allá. Tanto en la economía, como en la cultura como en la sociedad. Citemos ejemplos de ciudades que recibían sus nombres de derivados del papiro. Así, aparecen ciudades como Papyron o Byblos (nombre helenizado que tenía el papiro). Otras aplicaciones del papiro resultarían un poco extrañas para nosotros, acostumbrados a percibir el papiro como un material exclusivamente escriturario. Eusebio, fundador de Tiro, construyó las tiendas de su campamentos con papiro o Antígono I ordenó construir las cuerdas de su flota de papiro, al igual que gracias a la Arqueología, hoy día tenemos constancia de que los egipcios empleaban barcas de pequeño calado construidas a partir del papiro.

Así las cosas, y por resumir, las principales zonas de la Antigüedad en el desarrollo del papiro las encontraríamos en Egipto, Fenicia y Babilonia. En el caso de Mesopotamia, los archivos que han llegado a nosotros, como unos de origen asirio, señalaban el papiro como "junco de Egipto", y según informaciones de Plinio, se consiguió sembrar papiros entre el Tigris y el Éufrates. Sin embargo, parece ser que el gusto por el papiro tuvo que luchar previamente con la existencia de textiles empleados como soportes escriturarios. No sería hasta que los Seleúcidas conquistasen entre los siglo IV y II a.C cuando el papiro se eplease en Babilonia ampliamente, ya qye climáticamente, Egipto y Babilonia compartían características parecidas.

Desde Grecia llegaban testimonios que aseveraban la existencia de un papiro genuinamente griego, basándonos principalmente en vasos y frescos cretenses. Sin embargo, otras fuentes posteriores desmentían este punto, ya que por ejemplo Speccipius se quejaba de que la conquista persa de Egipto supuso enormes dificultades para el abastecimiento en Grecia del papiro.

Más tarde, Roma ejercería una labor difusora del papiro en regiones para las cuales era desconocido, y el principal punto de abastecimiento para Roma de papiro radicaba en Alexandría. Con la caída del Imperio Romano, los niveles de consumo de papiro eran todavía altos durante partes de la Antigüedad Tardía, pero finalmente, la conquista de Egipto por el Islam en el siglo VIII d.C hizo peligrar el abastecimiento a Europa de papiro, ya que los califas empleaban el papiro como un arma de presión sobre la Cristiandad.

Esto último quizás fue vital para el hecho de que el pergamino gradualmente se fuese implantando en las Chancillerías europeas. Por ejemplo, en el año 677 d.C, los merovingios empleaban ampliamente el pergamino. En España, el último papiro fue una bula papal en 1017, hasta desaparecer casi por completo a partir de 1100 d.C, siendo entonces empleado por la Santa Sede como un material prestigioso reservado para su documentación más relevante.

2 comentarios:

Cristina dijo...
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Antonio Miguel Martín Ponce. dijo...
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