miércoles, 22 de octubre de 2008

La Ciudad Medieval.

LA CIUDAD MEDIEVAL.

“El aire de la ciudad te hace libre”. Este lema fue muy corriente en la Europa del siglo XII y hacía referencia al crecimiento urbano que estaba teniendo lugar entonces. Esta sentencia hay que tomarla con mucha precaución, puesto que si analizásemos pormenorizadamente las condiciones de vida o de trabajo en las áreas urbanas, quizás nos sorprendería que en el campo a pesar de la presión señorial, existían ciertas cuotas de libertad que no dependían de los designios del Gremio que fuese, por ejemplo. Además, la concepción de la ciudad como islas libres en la Europa Feudal es muy arriesgada, puesto que existe una corriente dentro de la historiografía medieval que indica que quizás las mismas ciudades se comportaban económica, política y socialmente como lo haría un señor feudal, estableciendo impuestos abusivos, gestionando la vida de las células de población rural más cercanas articulando su producción en función de los requerimientos de la urbe de manera despótica…

Según San Isidoro de Sevilla “ la urbe consiste en las murallas, pero llamamos ciudad no a las piedras, sino a los habitantes”. En una frase tan corta, si la analizamos con atención, encontraremos una gran cantidad de información interesante. La urbe consiste en murallas, es decir, que necesita quedar delimitada para funcionar a la vez como un espacio físico y mental distintos. El ciudadano vive dentro de la seguridad de las murallas, está protegido de las inclemencias de la naturaleza del exterior o de los desmanes de los señores o de los enemigos. Esa comunidad de habitantes de la ciudad conforma a los ciudadanos, término que recoge en cierta manera principios del Derecho Romano de individuos que poseen derechos y deberes recogidos las nuevas fórmulas como cartas de población o fueros. El ciudadano tiene la conciencia de pertenecer a un ente superior: la misma ciudad. En las ciudades los reyes, cuando las monarquías del siglo XII se fortalezcan y comiencen a ganar la partida a los nobles durante la crisis bajomedieval, encontrarán el apoyo para fundamentar su reino que será la semilla de los futuros Estados modernos. El campo es fragmentación contra la unidad de la ciudad. Al menos, en principio.

Elementos de la ciudad medieval.
Una ciudad medieval es un organismo vivo en continua evolución, por lo que marcar de alguna manera elementos básicos comunes es algo arriesgado.
Murallas: muy pocas ciudades medievales contaban con defensas de piedra completas en los siglos X y XI. En sus comienzos, en los siglos XI – XII, las murallas eran de madera y lentamente, conforme la riqueza iba en aumento, fueron levantándose murallas de piedra. No todas las ciudades medievales poseían perímetros de murallas completas de piedra en el siglo XIV. Por ejemplo, citemos Ávila, cuyas famosísimas murallas comenzaron a ser construidas a fines del siglo XI y concluidas en el siglo XIV.

a)Puertas: no solamente como algo físico, sino también sociológico. En el aspecto arquitectónico, la puerta es el lugar por el que se comunica la ciudad con el exterior, por lo que generalmente está bien vigilada y posee mecanismos de defensa como las barbacanas, desde las que se arrojaban desechos, piedras o demás para repeler ataques enemigos. En la puerta se recogen impuestos como el portazgo o derecho de cruzar la puerta para entrar en la ciudad. Dentro de la ciudad, los barrios suelen estar muy ligados a las puertas que tienen más cercana, convirtiéndose en su símbolo identificativo frente al resto. En las ciudades italianas, era habitual que en las festividades más importantes, los chicos jóvenes de barrios enfrentados intentasen afear la puerta de sus rivales. Es la puerta de una ciudad la imagen de ésta, donde se cuelgan los pendones de los reyes cuando éstos son recibidos al llegar a la ciudad o bien como señal de respeto cuando éstos mueren.

b) La plaza del mercado: en las ciudades con importancia del estamento eclesiástico o directamente bajo la autoridad del obispo, el mercado suele instalarse cerca de la misma catedral, en la plaza enfrente de la portada, de manera que el clero pueda controlar la dieta de los creyentes. Generalmente, hay numerosas plazas de mercado menor en la ciudad medieval, dependiendo de los productos, la cotidianeidad de sus ventas o la misma disponibilidad de grandes zonas de espacio para albergar el mercado. El mercado mayor, que se solía celebrar una vez por semana, era una gran oportunidad económica para la ciudad ya que se cobraban impuestos por la venta o pesada de mercancías o a los vendedores por ocupar terreno público.

c) Catedral o parroquia: En las ciudades medievales antiguas el plano es policéntrico, generalmente organizándose en torno a lugares de culto religioso para tener protección espiritual. En las ciudades altomedievales, era normal que las parroquias estuviesen cerca de las puertas para beneficiarlas de esa defensa religiosa. En Castilla, las collaciones o barrios solían estar encomendadas a la protección de alguna parroquia en concreto (caso por ejemplo de la collación de San Gil en Sevilla). La parroquia controlaba la vida de sus feligreses desde su nacimiento hasta su muerte, incluyendo bautizos y matrimonios, ya que es en la parroquia donde se registran todos los movimientos naturales de la población del barrio. Además, era el punto de recaudación de los impuestos. La catedral sería el lugar de culto religioso más importante de la ciudad, y sería otro de los elementos característicos de la ciudad, ya que por su altura, se podía identificar desde la lejanía.

d)El alcázar o castillo: la ciudad debía ser defendida del enemigo. Por tanto, era necesaria una guarnición permanente que protegiese las murallas o que mantuviese el orden en el interior de la ciudad. En el alcázar, la guarnición podía entrenarse, disponer de armerías y herrerías, a la par que era la residencia del gobernador de la urbe. En ocasiones, eran los castillos señoriales el germen desde el que nacían las ciudades, caso de Gante o Brujas.

2 comentarios:

Antonio Vicedo dijo...

Gran análisis de la ciudad medieval, se nota que perteneces (tomando nota de que prefieres que te tuteen) a la escuela de D. Juan Diego Caballero. Aunque se eche en falta otro tipo de medio de información como el visual, consigues que el artículo sea mucho más interesante con pequeños datos y anécdotas como la de enfear las puertas de los rivales.
Sinceramente, Antonio Vicedo.

Antonio Miguel Martín Ponce. dijo...

Muchas gracias, Antonio.

Sí, he aprendido muchas cosas interesantes de Juan Diego. Y como bien dices, falta algo de soporte visual, pero date cuenta que es de mis primeros artículos y por entonces no los hacía con fotografías. Es curioso, porque fue el mismo Juan Diego quien me recomendó eso mismo que me comentas (se nota que eres su alumno).

Un saludo y muchas gracias por tu visita. Eres bienvenido, espero te prodigues mucho por aquí.

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