martes, 20 de abril de 2010

Consideraciones sobre la Edad Media.


La Historia Medieval recibe su nombre de la clásica organización del conocimiento histórico que tuvo lugar en el siglo XV por los humanistas. Finalmente, en el siglo XVII, Cristóbal Keller escribió “La Historia del Tiempo Medio entre Constantino el Grande y la caída de Constantinopla”. Por tanto, ese término, “medieval”, sería el equivalente a algo que está en medio, y ese concepto, ese cariz, da la sensación de que ese período de la historia sería algo sobrante, marginal. Esa noción en cierto modo negativa de lo que es medieval, se perpetuó finalmente en el siglo XVIII, con la aparición de los Filósofos o Ilustrados, que proporcionaron una imagen de oscuridad e irracionalidad a la Edad Media frente a las luces de las ideas de Rousseau o Voltaire.
Quizás en este punto, deberíamos reflexionar sobre los tiempos medievales, sobre su sentido vital y las enseñanzas que de ellas se puede aprehender.
El mundo medieval ha quedado ligado siempre a Europa, de tal manera que resulta complicado pensar en alguna forma de Edad Media fuera de las fronteras europeas o de sus zonas limítrofes. La razón se encuentra en que es precisamente en la Edad Media cuando aparecen las realidades nacionales que hoy día perduran. Naciones como Inglaterra, Francia, Portugal o la misma España hunden sus raíces en los procesos sociales, políticos y económicos del Medioevo, por lo que no puede resultar rara esa asociación Edad Media – Europa. Pero hemos de llamar la atención sobre “el Turco”, por ejemplo, en tanto en cuanto sin su presencia la historia europea habría sido otra (recordemos que en 1453 Constantinopla, el último reducto del Imperio Romano, cae en manos de Mehmet II) o la expansión del Islam desde la muerte de Mahoma en el 630 de nuestra Era u 8 de la Hégira, que llevaría a los ismaelitas a controlar la mayor parte de la península Ibérica. Como podemos observar, es una época fascinante de contactos entre culturas muy diferentes, con toda la problemática que esto conlleva.
En el aspecto económico, ¿qué herencias tenemos de tiempos medievales?. Habría quienes seguramente y no sin razón, adjudiquen que gran parte de los conocimientos agrícolas del Medioevo ya se conocían en tiempos romanos, o bien, que procedieron de los árabes por mero contacto intercultural. Ciertamente, pero no debemos de dejar de tener en cuenta que es en esta época cuando aparecen estructuras económicas en el campo que se van a perpetuar en el tiempo, con más o menos cambios, hasta la implantación de los regímenes liberales en el siglo XIX (y en algunos casos, como Rusia, hasta el siglo XX). ¿Quién no ha oído hablar de lo que era un feudo?, ¿del trabajo “a destajo”?, ¿del contrato enfitéutico, la servidumbre de gleba…? De hecho, algunos de estos términos han quedado incluidos dentro del vocabulario cotidiano actualmente, con las deformaciones que esto conlleva. Un ejemplo: la visión idealizada de los nobles feudales defendiendo a su rey es algo que se antoja divertido si lo analizamos detenidamente.
Términos como vasallo, campesino, villano, caballero…quedan ligados a una sociedad que hoy ya no existe. Por curiosidad, comentar que un villano era una persona de origen humilde que vive en una villa, que vasallo sólo podía ser un miembro de las clases dominantes y no un campesino o que un caballero medieval distaba mucho de las virtudes de la caballería que la literatura cortesana, romántica o fantástica ha reflejado en sus páginas. La sociedad medieval era muy heterogénea, con una diversificación cada vez mayor conforme avancen los siglos, y con cierta apertura social de sus estamentos en comparación con los del siglo XVII, mucho más herméticos.
Culturalmente, ha quedado la imagen de una época de superstición y fanatismo religioso, de incultura y pobreza. Cierto es que la Edad Media es una época dura, cruel y difícil para la supervivencia, ya que era la pura lucha entre el hombre y la naturaleza. Una naturaleza que está presente, viva, en tiempos sin luz eléctrica, agua corriente, internet, radio o televisión. Una naturaleza que ofrece cuanto ofrece y a la que no se puede manipular para producir más en menos tiempo como en las economías industriales. Está claro que por todas estas razones, cuanto menos, podemos comprender unos tiempos tan conflictivos como éstos. No hay más que leer muchos de los cuentos para niños como Pulgarcito para ver realmente en ellos los miedos de la sociedad medieval. Al mismo tiempo, nacen dos contribuciones fundamentales para el conocimiento del que se beneficiarán en siglos posteriores. Por un lado, las Universidades (Bolonia, Salerno, La Sorbona…) nacen ahora al amparo de las autoridades eclesiásticas muchas veces enfrentadas a los poderes fácticos civiles de las ciudades. Por el otro, la magnífica y nunca lo suficientemente apreciada labor de los monjes amanuenses de los scriptoria medievales, que “salvaron Europa” gracias a su labor de copia de antiguos escritos de época clásica (aún con los habituales errores, fallos garrafales, confusiones y censuras que abundan en las hojas de los códices o libri quadrata). En el campo de las artes… ¿quién no se siente apabullado por la altura de vértigo de las ojivas góticas de las catedrales de Reims, León o Sevilla o por la espiritualidad místicas del recogimiento sobrio del románico en Castilla?.
En resumen, creo haber esbozado en pocas palabras qué es el Medioevo. No son tiempos de felicidad, caballeros que rescatan princesas o luchan con dragones, pero tampoco siglos de incultura y oscuridad completas e implacables. A mi modo de ver, como he apuntado antes, es sólo la historia del hombre sólo contra la Naturaleza. ¿Sería alguno de nosotros, hoy día, capaz de orientarse en el campo, completamente solo, o sobrevivir de lo que le ofrece la naturaleza durante toda su vida?. Seguramente, no. Quizás no sea tan importante internet para vivir en realidad...

1 comentario:

Mario dijo...

Creo que se habla demasiado de la Edad Media sin conocerla apenas. Me parece que la mayor parte de las cosas que tenemos en el campo de las artes, lengua, literatura, pensamiento, etc.., en resumen, lo que ha hecho a Europa, procede de la Edad Media. Es cierto que también la Edad Media se enriqueció con la herencia greco-romana. Basta contemplar los restos: iglesias, catedrales, escultura, literatura,... para quedar fascinados por esa época, que además duró nada menos que 1000 años. Estoy de acuerdo contigo.

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