domingo, 15 de marzo de 2009

La Imaginería Barroca Española (I).

La imaginería barroca española se caracteriza por la importancia de la ascética, de la austeridad en las formas para promover un mayor compromiso en el fiel, en el creyente, respecto de la doctrina que imparte Roma. No olvidéis que nos encontramos en un período histórico, el siglo XVII, en el que las Guerras de Religión forman parte habitual de todo el entramado no solamente religioso, sino político y social, de los Estados. Dos formas de ver el mismo hecho religioso cristiano, enfrenta a protestantes (reformadores de la Iglesia y enfrentados a la jerarquía papal de Roma) y a católicos (contrarreformadores).
La piedra de toque en la que la Iglesia Católica apuesta por una reforma interna, pero también, por una estrategia de propaganda y política general, será el Concilio de Trento de 1545. Entre muchos otros detalles, quedaros con lo realmente importante: hay que llegar al Fiel, adiestrándolos en el estudio y el respeto a las formas eucarísticas y religiosas que proceden de Roma.
España, al ser la potencia católica del momento, y poseer un vasto imperio por todo el mundo, será el país que encabece y se comprometa con dicha visión. Por tanto, no es de extrañar que ese mensaje cale profundamente en la percepción artística de nuestro país. Hay que tener en cuenta que aunque el Renacimiento español, en materia artística, tiene grandes realizaciones y artistas (citemos a El Greco, por ejemplo), no podemos ver en él un fuerte renacentismo, vigoroso, que derive de los postulados de dicho movimiento en Italia. Es más, el manierismo español pronto desembocará en el Barroco, que se adaptó mejor a la idiosincrasia española.
La imaginería es no sólo una cuestión puramente artística. Es la realización de esculturas talladas en madera y policromadas, creadas no para decorar, sino para conmover al creyente e introducirle en la magistratura católica de la religión. Los materiales que se empleaban eran, comparativamente, más baratos, ya que el siglo XVII español es una centuria de crisis que se notará también en el arte. Mientras que Bernini, con el apoyo papal, cuenta con facilidades para acceder al mármol en sus esculturas, en España se trabaja con pinos castellanos (Soria) y pinos de Andalucía (Sierra del Segura),nogales asturianos, tejos navarros, cedro y caoba americanos (importados desde el puerto de La Habana)… Más tarde, se les aplica pintura (policromación), siendo pintores algunos que destacarán más por esta disciplina que por su obra propia (caso de Francisco Pacheco, que policromó obras de Martínez Montañés).
Con Gregorio Fernández(1576-1636), nos encontramos un artista que va a tener una enorme influencia en el norte peninsular, creando su propia escuela (Escuela Castellana) gracias al éxito de su taller, que tendrá una fuerte demanda en las órdenes religiosas. Procedente de Lugo, y apartado por tanto del brillo de Roma y de Italia, Gregorio Fernández pone fin a las influencias italianas manieristas, apostando por un fuerte patetismo, que se trasluce en el modelado de texturas de la carne blanda, en los tejidos artificiosos metálicos. Además, el realismo de sus obras se aumenta aún más con la incorporación de materiales reales a sus figuras, como por ejemplo, el uso de ojos de cristal, dientes de marfil, trozos de corcho para coágulos…
En el caso de Andalucía, podemos encontrar dos escuelas diferentes: la Escuela Sevillana y la Escuela Granadina.

Por un lado, el “Dios de la Madera”, Juan Martínez Montañés(1568-1649) con quien se inicia la Escuela Sevillana, a pesar de ser originario de Alcalá La Real, Jaén. Se caracterizó por su gran manejo de la madera, y por saber captar a la perfección la sensibilidad popular en sus imágenes. De gran talento, con 19 años, se titula maestro escultor y comienza a desplegar su trabajo en Sevilla, ciudad que no abandonará apenas hasta su muerte en 1649. De costes caros pero grandes manufacturas, Martínez Montañés destacó como retablista, dejando como prueba de ellos diferentes modelos, como el de San Isidoro en Santiponce, San Juan Bautista, o el que se encuentra en la Catedral de Sevilla y que posee a la Cieguecita, una escultura imaginera del mismo autor. Destacó también por sus cruficicados de gran belleza, como el Cristo de la Clemencia o el conmovedor Cristo de Pasión.
Juan de Mesa (1583-1627), sevillano, es apodado “Imaginero del Dolor”, debido a su talento para mostrar el patetismo y la fuerza dramática de sus figuras. Discípulo de Martínez Montañés, introdujo el naturalismo en la imaginería sevillana, por medio del estudio de cadáveres para darle mayor realismo a sus obras. El Cristo del Amor saldrá de sus manos, pero quizás, el más conocido, el Señor de Sevilla: El Cristo del Gran Poder, que fue objeto de una restauración en los últimos años que suscitó controversia en Sevilla.
Francisco de Ocampo (1579-1639), discípulo de Montañés y compañero de Juan de Mesa y de origen jiennense (Villacarrillo), es otro de los grandes imagineros de la Escuela Sevillana. Aunque algunas de sus obras están siempre envueltas en la polémica de su autoría, es cierto que este autor desarrolló un estilo propio, aunque con fuertes influencias de Mesa en el realismo de las figuras. Entre muchas otras de sus obras, destacaríamos El Cristo de la Veracruz, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y el Nazareno de la Primitiva Hermandad de los Hermanos Nazareno de Sevilla, conocida como El Silencio de Sevilla.

Como bien saben mis alumn@s, soy sevillano y no puedo negarme a dejar algunos enlaces interesantes, ahora que se acerca la Semana Santa. Sé que podréis disculpar este detalle. Os recomiendo que si tenéis la ocasión, acudáis a Sevilla en esas fechas. La ciudad se transforma... o mejor dicho, es más barroca aún de lo que suele ser el resto del año. Os recomiendo especialmente la Madrugá.

Pasión en Sevilla.
Fotos cofrades.
Consejo General de Hermandades.

2 comentarios:

Clase de 5ºA dijo...

De un hermano de El Silencio de Sevilla. La "madrugá" es el contraste de la Sevilla severa, adusta y de la Sevilla alegre y bulliciosa. Pero así es también la vida con sus momentos agridulces.
La severidad de los hermanos de El Silencio (se oye el chisporrotear de la cera en c/Francos)se complementa con las marchas procesionales dedicadas a la Esperanza Macarena. Así es esta ciudad en la que vivo y sueño.

Antonio Miguel Martín Ponce. dijo...

Muchas gracias por tu comentario...hermano.

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